La languidez endémica de la oposición

La languidez de la oposición se ha vuelto un fenómeno endémico que en los últimos tiempos se presenta cada temporada electoral con la crudeza de los virus estacionales y que se llama supervivencia. Su decaimiento se ve en las listas de candidatos al Congreso que ...

La languidez de la oposición se ha vuelto un fenómeno endémico que en los últimos tiempos se presenta cada temporada electoral con la crudeza de los virus estacionales y que se llama supervivencia. Su decaimiento se ve en las listas de candidatos al Congreso que acaparan las dirigencias partidistas para garantizar su permanencia, no importa su fracaso y agotamiento. Es un mal endémico porque su presencia es constante, predecible y esperada.

Los dirigentes frentistas se colocan en la cabeza de la lista de las candidaturas plurinominales al Senado, con lo que aseguran un escaño en el Congreso; se acompañan en los primeros lugares de hombres de confianza y complicidades, políticos con acusaciones penales y protagonistas de los mayores escándalos de corrupción inmobiliaria panista en CDMX, con los que esperan frenar a Morena en el Legislativo. Se trata de una casta de liderazgos añejados en la lógica de la “partidocracia”, muy cuestionados, desprestigiados y con resultados que tienen a sus partidos al borde de desaparecer. Parecen creer que sus partidos sí pueden extinguirse, aunque ellos no, no mientras conserven fuero y prerrogativas, o inmunidad frente a investigaciones judiciales.

Es un pensamiento suicida o al menos indicativo de una fase aguda de indisposición de las cúpulas obsesionadas por su sobrevivencia política. Incluso persuadidas por la idea de que amarrar su futuro es lo que mantendrá viva la reivindicación del equilibrio de Poderes y el objetivo opositor de ganar el Congreso para contrapesar a un segundo gobierno de Morena. Todo lo contrario. El cártel de la oposición para el Congreso con el perredista Jesús Zambrano, el panista Marko Cortés, y el priista Alito Moreno son un padecimiento persistente para Xóchitl Gálvez, cuya candidatura no despega y está atrapada en el lodo de los partidos que la impulsan para que ellos lleguen al territorio de la inmunidad.

Este reparto de candidaturas es un desmayo en la puesta en escena mediática del “pacto de poder ciudadano” para “restaurar la República” con que Xóchitl quiere viralizar su candidatura contra la “dictadura” de López Obrador y Morena. Era esperable y predecible el desmentido de las dirigencias, porque, como ella acepta, con cierta resignación, es una decisión de los partidos. También constante, por ello lo endémico, dado que el mal habita en esa población de las cúpulas que hace tiempo debieron ser removidas para dar paso a la renovación con nuevas caras. 

La “partidocracia” ha hecho de la apelación a la “ciudadanización de la política” otro continuo de las temporadas electorales; hace las veces del tapabocas profiláctico contra las epidemias de desconfianza política, aunque ya no evitó el contagio de indignación que colapsó a la partidocracia en 2018, y su derrumbe en este sexenio. La promesa de poner a la sociedad en el centro de la acción política es sólo consigna si los candidatos no pueden abanderar una agenda de sus causas y reivindicaciones con liderazgos eternizados y con su única prioridad de alargar sus carreras políticas. ¿Dónde quedaron las candidaturas ciudadanas prometidas?

En cambio, sí hubo otros de los sembrados que han tenido acusaciones penales en los casos del exgobernador de Tamaulipas, Francisco Cabeza de Vaca, o el excandidato presidencial panista Ricardo Anaya, para su inmunidad. Si su idea es pertrecharse en el Congreso, la consecuencia electoral es mostrar que la lógica de la partidocracia sigue vigente en la operación política, a pesar de la fachada del poder de la ciudadanía con que arropa la endogamia de una misma especie aislada en sus cúpulas.

Evidentemente, ello no pasa inadvertido al interior de sus partidos en donde las tensiones y fracturas socavan a la alianza con acusaciones de traición como la del exgobernador Silvano Aureoles bajado de la lista. No sólo Zambrano resiente marginalidad de su partido, también la impugnación de Cortés por el escándalo que rompió la alianza en Coahuila cuando reclamó al PRI incumplir un acuerdo de “mercadeo” de candidaturas, por el que debió dimitir. Y qué decir de la soledad de Alito, con un partido desfondado del que huyó parte de su bancada en el Senado y que se desangra en un goteo de cuadros y operadores políticos.

Pero la coagulación de las cúpulas, sin embargo, tampoco parece alarmar y mover a restañar heridas para recuperar la cohesión interna. La estrategia que reflejan las listas es avanzar con los más leales y experimentados en el quehacer legislativo, al costo de abandonar las aspiraciones presidenciales en 2024.

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