Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 15 febrero 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

LO CARO

¿Por qué viajar se ha vuelto más caro incluso cuando “todo está en oferta”? Si las aerolíneas anuncian descuentos cada semana, ¿por qué sentimos que viajar cuesta más que nunca?

R: Porque las ofertas son reales… pero incompletas. De acuerdo con datos de la IATA, el costo promedio de un boleto internacional aumentó entre 20% y 30% desde 2019, impulsado por combustibles más caros, rutas saturadas y una demanda que no ha bajado desde la pandemia. Las aerolíneas anuncian tarifas base atractivas, pero los cargos por equipaje, selección de asiento, cambios y hasta “mejoras de experiencia” pueden duplicar el precio final. Por ejemplo, un boleto de avión puede mostrar entre cinco y 15 conceptos diferentes en el precio total, y en vuelos internacionales complejos pueden aparecer 20 o más.

Además, los destinos más populares —Tokio, Lisboa, Ciudad de México y Nueva York— viven un fenómeno de “hiperpopularidad”: demasiados visitantes para la misma infraestructura. Ciudades como Venecia y Barcelona han implementado tarifas de entrada o límites diarios de turistas. Viajar sigue siendo posible, pero requiere más estrategia: fechas flexibles, aeropuertos alternos y una tolerancia zen para navegar la letra chiquita.

 

LOS DICCIONARIOS

¿Todavía sirven los diccionarios en pleno 2026?

R. Esta transición ha sido interesante ahora con todo disponible en línea, y como usted, muchos nos preguntamos: ¿los diccionarios impresos siguen teniendo alguna utilidad real?

Más de la que parece. Aunque hoy puede buscar la definición y la pronunciación de prácticamente cualquier palabra en cualquier idioma desde el teléfono —desde serendipia hasta schadenfreude— los diccionarios impresos no han desaparecido. Por ejemplo, según datos de la Association of American Publishers, las ventas de diccionarios físicos en Estados Unidos se han mantenido estables en los últimos cinco años, especialmente entre estudiantes de primaria y secundaria. ¿La razón? Funcionan como herramientas de aprendizaje más lentas, pero más profundas: obligan a detenerse, hojear, descubrir palabras vecinas y construir vocabulario de manera menos impulsiva.

En el mundo digital, en cambio, la velocidad manda. Plataformas como Merriam-Webster, Cambridge, la RAE o incluso Wiktionary reciben millones de consultas diarias. Merriam-Webster reportó en 2024 más de 100 millones de búsquedas mensuales, impulsadas por picos repentinos cuando una palabra se vuelve tendencia —como rizz, gaslighting o cringe. La RAE, por su parte, registró más de 1.2 millones de consultas diarias en su Diccionario en línea, con usuarios de toda Hispanoamérica.

La diferencia no es sólo de formato, sino de experiencia. El diccionario físico es un objeto: pesa, huele, ocupa espacio, y a veces hasta intimida. El digital es ubicuo, gratuito y actualizable en tiempo real. Pero ambos cumplen funciones distintas: uno enseña a navegar el lenguaje con paciencia; el otro responde a la urgencia de la vida contemporánea. Y en un mundo donde las palabras cambian de sentido cada seis meses, tener ambas opciones no es un lujo, sino una forma de sobrevivir lingüísticamente.

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