“Tormenta” internacional sobre México

El gobierno puede advertir tufos conspirativos, incluso ver la mano de intereses empresariales locales afectados por sus reformas, pero difícilmente negar que las acciones para salir de la crisis de confianza interna, en efecto, no han dado el resultado esperado.

El apretón del exterior sobre México tras las reformas económicas refleja su importancia en el mundo e inserción en la globalización. En el último semestre es cada vez más alto el tono del reclamo desde afuera por la falta de reformas institucionales para combatir la corrupción, recuperar la seguridad e impedir la impunidad en violación de derechos humanos y respetar la legalidad. El acento de la presión, esta vez, no está ya en transformaciones económicas, sino en la crítica a las formas de ejercer el poder del régimen con un diagnóstico similar al papel que otorga a la política el libro de Acemoglu y Robinson para explicar “por qué fracasan los países”. ¡Es la política, tontos! lo que detiene la prosperidad hace tres lustros, parece decir la presión internacional.

La  coacción sobre el gobierno de Peña Nieto se ha elevado notablemente y puede palparse en fuertes cuestionamientos sobre su capacidad para mantener la gobernabilidad y combatir al crimen e impunidad en editoriales de diarios influyentes como NYT o The Economist; investigaciones periodísticas sobre escándalos de corrupción que afectan a la casa presidencial y su círculo cercano, así como a políticos priistas, independientemente de la calidad de trabajos como el de las casas de Murat en EU; la filtración de listas de evasión fiscal de HSBC con nombres de prominentes mexicanos en operaciones de presunta evasión fiscal. Y ahora un contundente informe sobre incumplimientos del Estado mexicano del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU. Además del activismo de ONGs por el caso Iguala.

El gobierno puede advertir tufos conspirativos, incluso ver la mano de intereses empresariales locales afectados por sus reformas, pero difícilmente negar que las acciones para salir de la crisis de confianza interna, en efecto, no han dado el resultado esperado; y que el “bálsamo” de las reformas depende de convencer fuera de su capacidad de controlar la situación ante el creciente malestar social, la violencia y la inseguridad.

No obstante, ese conjunto de influencias, de distinto corte y naturaleza, se ha colocado en factor de presión para Peña Nieto más que la oposición interna. El PRD y el PAN están desorientados desde el Pacto por México y el peso de su crítica rebasado por las resistencias a las reformas de maestros de la CNTE o la CETEG a la educativa, así como de intereses de aparatos partidistas interesados en preservar complicidades o de burocracias públicas reactivas al combate a la corrupción y la transparencia. El Presidente está atrapado entre la exigencia de cambios del exterior, de que dependen las reformas económicas de su gobierno, y las ataduras del régimen de complicidades que lo empantanan. Ahí están los frenos para aprobar la legislación anticorrupción desde la legislatura pasada o ahora la de transparencia, también la rebelión de alcaldes contra el mando único o el desinterés de gobernadores por sus reformas más allá del impacto a sus finanzas por la merma de los fondos petroleros.

La respuesta a la presión exterior ha sido en línea con el reclamo de que “no se entiende” y que no se trata sólo de restaurar la imagen internacional o recuperar con el paso del tiempo algo del perdido Mexican Moment para sus reformas económicas, sino de que la transformación institucional es ahora imprescindible para salir de la crisis de credibilidad y restaurar la confianza en el país. Ante ello, el impacto del mensaje a inversionistas y financieros de cuidar la estabilidad macroeconómica con el recorte presupuestal no surte el efecto de otras veces; y tampoco ofrecer una investigación sobre corrupción en que habría incurrido por conflicto de interés, sin condiciones de independencia, se toma como un esfuerzo serio.

La  batería de viejas respuestas, tanto dentro como fuera, parece agotada para detener la “espiral negativa” que sólo puede revertirse —para regresar a Acemoglu y Robinson— con el cambio de las formas de ejercer el poder y de hacer inclusivas las instituciones políticas. En efecto, se necesita airear el edificio cerrado de la partidocracia más allá de detener a exfuncionarios de un gobierno corrupto, como el de Aguirre en Guerrero o de querer mandar con ello un mensaje de contención a otros gobernadores en la temporada electoral. Se requieren nuevos liderazgos, aunque a diferencia de Grecia o España, las reglas cerradas de la competencia por el poder son un valladar para permitir que el malestar social se exprese en nuevas opciones políticas. Prueba de ello es que, pese a todo, seguimos atorados. 

*Analista político

jbuendiah@gmail.com

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