Descomposición en evolución
A los conflictos se les ve a los ojos y se les enfrenta.

Jorge Maldonado
Sala de Máquinas
Antes de comenzar esta columna, quiero agradecer la oportunidad que me brindan los señores OIegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera y Mario Pintos de colaborar escribiendo en este prestigiado periódico. Es un honor y una gran responsabilidad.
La Secretaría de la Defensa Nacional informó que pasamos de tener, en 2006, alrededor de seis cárteles de la droga fuertes y poderosos, a los más de 80 que tenemos actualmente. En 20 años, los grupos del crimen organizado se han incrementado en casi 1,300%.
El expresidente Felipe Calderón hacía una observación en su libro Decisiones difíciles, que con el tiempo tomó carácter predictivo: durante su sexenio iniciaría un incremento de la descomposición social y la violencia, por la diversificación de los delitos cometidos por estos criminales. Después del narcomenudeo, comenzó la disputa por la distribución en colonias, manzanas, comercios; una lucha territorial que derivó en la corrupción de autoridades, principalmente en los municipios.
El control de territorios incrementa la violencia cuando, tras la captura o abatimiento de un delincuente, surgen fragmentaciones en los grupos delictivos, enfrentamientos dentro de los mismos y una reestructuración del poder criminal, que necesita de un territorio donde mandar y operar.
La complicidad de autoridades cooptadas por el crimen organizado es visible en el caso de Michoacán con la muerte del alcalde Manzo: la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno de México reportó que 38 corporaciones policiales municipales, están dominadas por organizaciones criminales; es decir, 34% del territorio de ese estado.
Sirva, como un ejemplo más, la inclusión en la narconómina del CJNG de la policía de “élite” de Chiapas. El caso de la llamada Barredora en Tabasco, ejemplifica no sólo ya la subordinación de la autoridad al crimen, sino su captura.
La política de abrazos a los delincuentes fue una humillación a las corporaciones de seguridad del Estado mexicano, incluidas las instituciones armadas nacionales. El control de la violencia exige al Estado contar con hombres y mujeres más equipados, entrenados y con mayor capacidad de ejercicio de la fuerza pública para contener a los delincuentes. Sólo así se mantiene la paz.
A la indignación provocada por la orden presidencial del sexenio anterior, añadimos una verdad conocida y que se actualiza por las filtraciones de las listas de pagos, encontradas en el escondite del líder del CJNG recientemente abatido en enfrentamiento con las fuerzas de élite del Ejército mexicano, a las cuales les debemos admiración, agradecimiento y respeto.
El pago por su trabajo a militares y policías, es superado por los apoyos sociales que el gobierno federal regala a jóvenes de la misma edad: un sueldo por morir por la patria y una cantidad semejante regalada a quienes no estudian ni trabajan. La lealtad por defender a la nación, frente a la lealtad a una ideología partidista.
La descomposición del Estado es inobjetable, basta echar un vistazo a la economía del crimen: con Fox el narcotráfico representó 0.8 por ciento del PIB, con Calderón subió a 1.2, con Peña Nieto incrementó a 1.5, en el sexenio de López Obrador aumentó a 2.1 por ciento. Las cifras alarman pero no se mantienen ahí, se estima que la violencia impacta en cerca de 18 por ciento del PIB.
Muchos más jóvenes dejaron los cultivos en el campo y ahora cobran un sueldo por transportar drogas del sur del continente hacia Estados Unidos. Aunado a esto aumentaron la gama delictiva, incursionando en extorsión, trata de personas, narcotráfico, robo y contrabando de hidrocarburos, cobro de derecho de piso, secuestros, entre otros.
Y aquí, por mucho tiempo, se cometió el error de mirar para otro lado. A los conflictos se les ve a los ojos y se les enfrenta; evadir la realidad y administrar conflictos, no resuelve y hunde al país en un caos generacional que destruye lo único que es propio de un joven: su esperanza por vivir.
Los mexicanos vivimos con miedo, encerrados en territorios con mejor seguridad. La descomposición avanza.