Aseguran fuentes estadunidenses que existe un profundo descontento en la administración Trump porque, a unos pocos días de las elecciones de medio término en la Unión Americana, el próximo martes 3 de noviembre, no se pudo avanzar con México en los acuerdos comerciales, en el tema energético ni en seguridad.
Mientras el presidente Donald Trump decía la semana pasada que estábamos muy cerca de alcanzar un gran acuerdo comercial (lo que fue ratificado por la presidenta Claudia Sheinbaum), nada de eso sucedió y, apenas este martes, Trump festejaba los aranceles de 25% que había impuesto a la industria automotriz mexicana, mientras el secretario de economía, Marcelo Ebrard, aceptaba que no habría un acuerdo cercano, mucho menos antes del 3 de noviembre.
En energía, los intentos no sólo por abrir las inversiones no han avanzado, pese a la profunda crisis en que está Pemex y a la incapacidad que tiene México de generar y trasmitir la energía que requeriría el país para obtener nuevas inversiones, como para centros de datos y otras actividades de la economía del futuro (un futuro que está más que presente hoy en México y el mundo), sino que incluso no se pudo llegar a un acuerdo para una mayor importación de gas estadunidense, como esperaba la administración Trump.
En seguridad se han cumplido seis meses de los pedidos de detención con fines de extradición de Rubén Rocha y Enrique Inzunza y de los otros funcionarios sinaloenses acusados de ser cómplices del cártel de Los Chapitos y el gobierno se niega no sólo a detenerlos, sino incluso a iniciar una investigación seria en su contra, pese a que dos de ellos se han entregado a Estados Unidos y están colaborando con las autoridades de ese país.
Según The New York Times, el gobierno estadunidense habría presentado un memorándum al gobierno federal para incrementar acciones comunes y desplegar elementos en operativos conjuntos en México y eso, como reconoció la presidenta Sheinbaum, ha sido rechazado una vez más.
Pero llaman la atención dos cosas en el ámbito de la seguridad: primero, la intensidad de las acciones conjuntas de entrenamiento entre fuerzas militares de México y Estados Unidos. Esta misma semana se realizó una operación conjunta entre las fuerzas aéreas de los dos países y, apenas ayer, el Senado autorizó, entre muchas otras operaciones simultáneas, una solicitud de la Presidencia para permitir la entrada de 28 elementos de los Navy SEAL para que participen en un entrenamiento con la Marina, que se realizará del 29 de octubre al 15 de abril del año próximo en las instalaciones del centro de Adiestramiento Avanzado en el Estado de México y en Isla Margarita, Baja California Sur.
Pero también se han multiplicado las detenciones y operativos contra personajes de alto impacto. Sólo en la última semana fue detenido, entre el 25 y el 27 de octubre, Fernando “N”, alias El Delta 2 o El Güero Dani, un desertor del Ejército mexicano identificado como presunto jefe de plaza del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tlaxcala, responsable de secuestros, extorsiones y narcotráfico.
Ayer fue detenido por el Ejército en Jiménez, Chihuahua, Sergio M. P., apodado el El Menchaca, considerado el presunto líder criminal en la zona norte del país. Arturo Enrique Guillén García, El Nenuco o Kike, fue detenido el 19 de octubre, en Zapopan, Jalisco, en un hospital privado, era uno de los principales operadores en Tijuana de Los Rusos, requerido por homicidio calificado, delincuencia organizada y tráfico de personas. Robert Skojo, alias Rob, fue apresado el 21 de octubre en Cancún, es un estadunidense señalado como líder de los Hells Angels, una banda de motociclistas históricamente ligada al narcotráfico y la extorsión. Miguel Casillas, el Compa Mike 517, fue detenido el 23 de octubre en Zapopan, Jalisco, también de nacionalidad estadunidense, es requerido por una corte federal en San Diego por cargos relacionados con homicidio y delitos contra la salud.
Cayeron otros personajes de menor perfil, pero importantes en las estructuras criminales. Henry “N” y Andrés “N”, de la célula de Los Cromos, del Cártel de Sinaloa, fueron capturados entre Salina Cruz y el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Henry era el líder de una red de extorsión bajo la modalidad de préstamos “gota a gota”, con nexos directos al Cártel de Sinaloa y con la célula delictiva regional Los Cromos. El operativo sumó un total de 15 detenidos en menos de una semana.
También fueron desmanteladas varias células de narcomenudeo en el Valle de México, en Nezahualcóyotl. Fueron 14 personas pertenecientes a grupos dedicados al control territorial y extorsión. El golpe más importante fue el abatimiento de Chuy González o Chuy Peñuelas, Jesús González-Peñuelas, un objetivo prioritario de Estados Unidos, líder de su propia organización de tráfico de drogas y el segundo al mando dentro de la estructura del Cártel de Guasave, el grupo que encabeza El Chapo Isidro.
Ninguno de estos personajes, salvo quizá González-Peñuelas, tienen la trascendencia mediática de otros líderes del crimen organizado, pero todos son golpes importantes a las estructuras criminales. El problema en la relación con la administración Trump es que esos golpes siempre serán insuficientes mientras no se avance, como lo demuestra el caso de Rocha Moya e Inzunza, en el desmantelamiento de las redes políticas de protección y complicidad de los cárteles. En acabar con la narcopolítica.
