32 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio y todavía perduran los intentos de manipular ese crimen que cambió la historia de México. El entonces fiscal Gertz Manero ordenó, en 2024, sin una sola prueba, la detención de Jorge Sánchez Ortega, tratando de hacerlo pasar como segundo tirador en el crimen, incluso con el intento de involucramiento de Genaro García Luna en el hecho (para esas fechas era un simple funcionario del Cisen, sin poder alguno) y hasta el lanzamiento de una nueva serie que sustenta esas falsas acusaciones pergeñadas por Gertz Manero para darle gusto a una de las teorías conspiranoicas favoritas de López Obrador, un gran distractor para las huestes de Ramírez Cuevas en uno de los momentos más complejos que ha vivido la 4T.
Ni Aburto debe salir en libertad, Sánchez Ortega es inocente, porque está comprobado que no hubo segundo tirador, ni García Luna está involucrado en forma alguna en el asesinato de Colosio. Lo que no se ha investigado, y ese tema lo hemos desarrollado desde fines de 1994 en éste y otros espacios, es la participación del narcotráfico en el crimen de Luis Donaldo. En parte porque, me imagino, hay muchos que podrían salir lastimados de esa investigación. Recuperemos algo de lo que ya hemos escrito sobre el tema.
Hay que ubicarse en aquel momento: 1994, luego del asesinato, un año antes, del cardenal Posadas Ocampo; con los Arellano Félix perseguidos y acusados del asesinato del cardenal, pero reuniéndose con el cardenal Prigione en la Nunciatura Apostólica; con El Chapo Guzmán, un narcotraficante entonces no tan importante, detenido; con el Cártel del Golfo gozando de un poder político sexenal declinante mientras trataban de contrarrestar a un Amado Carrillo, El Señor de los Cielos, convertido en el principal narcotraficante del país.
En Tamaulipas, desde principios de los años 80, había nacido una banda criminal llamada Los Texas. Su jefe era Arturo Martínez Herrera. El número dos era su hermano, Guillermo; otro hermano, Daniel, era el tercero al mando, se hacían llamar Caballero Águila Uno, Dos, Tres, respectivamente. Se hicieron muy conocidos por controlar el paso de indocumentados en Nuevo Laredo y, posteriormente, por ser contratados como asesinos a sueldo. En la red de tráfico de personas que se iniciaba en Centroamérica y terminaba en Texas, este grupo se caracterizó por ser el más sanguinario.
Este grupo creció porque tuvo el apoyo de otro personaje célebre: Guillermo González Calderoni, quien, al ascender al cargo de director de intercepción aérea de la PJF, enviaba parte de los decomisos realizados por esa corporación a Los Texas para que ellos los ingresaran al otro lado de la frontera. Trabajaron durante años, tanto para González Calderoni, como para Juan García Ábrego, el líder del cártel del Golfo. Llegaron a contar con unos 50 pistoleros entrenados por Jaime González Bath, un exmiembro de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos y después preso en ese país. En 1994 llegó a Nuevo Laredo el comandante de la Policía Judicial Federal Luis del Moral, que se negó a aceptar un portafolio con 200 mil dólares que le enviaba Arturo Martínez Herrera. Unos días después fue interceptado su vehículo y asesinado. Pero en esa operación un agente de la PJF, que sobrevivió al ataque, logró detener a Guillermo Martínez Herrera. Mientras tanto, designado por González Calderoni, Arturo Martínez, el verdadero jefe de la banda, estaba acreditado como comandante de la PJF en Piedras Negras.
¿Cómo participaron Los Texas en la desestabilización de 1994? Una forma fue evidente: el primer personaje contratado para asesinar a José Francisco Ruiz Massieu fue Carmelo Herrera, primo de Los Texas y miembro de la banda. Como se recordará, después de dos meses de seguimiento del político guerrerense, por alguna razón dejó esa encomienda, y se fugó con los 300 mil pesos que se le habían pagado. Antes, en 1993, Carmelo había sido detenido en el aeropuerto capitalino cuando transportaba 700 mil dólares en efectivo, que pertenecían al Cártel del Golfo. A pesar de que la detención fue pública, a los pocos días fue dejado en libertad “por falta de pruebas”.Carmelo Herrera era narcotraficante, pero también madrina del comandante de la PJF José Luis Larrazolo, un cercanísimo colaborador de González Calderoni. Larrazolo fue asesinado el 2 de febrero de 1994 en las puertas de su casa en el Pedregal del Sur de la CDMX. Larrazolo había encabezado el comando que semanas antes había intentado asesinar en el restaurante Bali Hai a su enemigo, Amado Carrillo Fuentes, y a su familia.
Como dijimos, Carmelo Herrera era primo de Arturo y Guillermo Martínez Herrera. También era vecino del tío de un señor que se llamaba Mario Aburto. En esa casa, en el norte de Veracruz, conviviendo con ese tío, se supone que Aburto escribió aquellos cuadernos que se encontraron en un baúl en su casa de Tijuana. ¿Cómo se identificaba a sí mismo Aburto en esos cuadernos?: como un “Caballero Águila”. ¿Cómo se identificaban a sí mismos los miembros de Los Texas?: como Águila I, Águila II, III, y así sucesivamente. ¿En dónde se le perdió el rastro al revólver Taurus que sirvió para asesinar a Colosio?: en Tamaulipas, precisamente en Nuevo Laredo. ¿Qué había sucedido un mes antes del crimen?: Humberto García Ábrego había sido corrido de una cena, por órdenes del propio candidato presidencial, que se le había hecho a Colosio en Monterrey. Los García Ábrego aseguraban que habían “invertido” en la campaña presidencial y Colosio, expulsando a Humberto de la cena, quería mandar el mensaje de que no tenía relación con ellos.
¿Para quién trabajaban Los Texas? Para los García Ábrego.
Saque usted sus conclusiones, porque esas relaciones nunca se investigaron en profundidad.
