Y lo que sigue será peor
Esta colaboración versaría sobre otro tema. Pero sería una falta de responsabilidad ética el no sumarme al dolor de los padres cuyas hijas e hijos han sido, y siguen siendo, asesinados, masacrados, como el caso de Salvatierra.
Este texto es anticlimático en el contexto de las fiestas religiosas; pero la realidad es así y lo que se avecina para la ya maltrecha democracia, las libertades y la seguridad de los mexicanos prometen ser mucho peor de lo que se ha vivido hasta estos días. Ningún argumento, salvo del poder desmedido, puede decir que es saludable la desaparición de las instituciones autónomas que existen para defender los derechos ciudadanos, entre ellas el Poder Judicial federal.
Es insostenible, al grado de la ofensa, la normalización de los asesinatos de jóvenes y las desapariciones forzadas en todo el país. Es México sembrado de muerte y desolación por omisión deliberada de autoridades para beneficiar a criminales. Si usted puede sentarse a la mesa en estas fechas sin que se le estruje el corazón por tantas personas arrancadas de sus familias, por esas ansias de retener el poder, entonces el país, desde ya, está perdido.
No existe precedente en la historia de México de un abandono oficial total a sus ciudadanos a manos del crimen organizado. Son 174 mil 598 homicidios dolosos en lo que va de este gobierno.
Los ciudadanos, simpatizantes o no de las opciones políticas, debemos hacer una gran reflexión, cada quien bajo sus motivaciones, y votar en consecuencia. Pero que nadie olvide a nuestros muertos, porque son nuestra herencia indirecta.
Esta colaboración versaría sobre otro tema. Pero sería una falta de responsabilidad ética el no sumarme al dolor de los padres cuyas hijas e hijos han sido, y siguen siendo, asesinados, masacrados, como el caso de Salvatierra, y en ciudades de gran parte del país; de rechazar el desdén a las madres buscadoras y el ocultamiento del número de desaparecidos, la negación de su existencia, y el intento de demolición de nuestros pilares democráticos.
Paradójico que haya personajes que se atreven a proponer el abrir, con fines electorales, un diálogo para escuchar justo a estos sectores, argumentando que sólo así puede reformarse una justicia sobre la que ya pende la guillotina, y justo cuando ha sido una postura de Palacio ignorarlos y asociarlos con sus enemigos.
Esa propuesta no puede más que interpretarse como una dura crítica de Morena a López Obrador. Palabras desafiantes que provienen del equipo de la candidata oficial para decirle al Presidente que su rechazo a las madres de desaparecidos ha sido un error histórico.
La amenaza de desaparecer los organismos autónomos es, en los hechos, la resistencia del sector más radical que no quiere dejar el poder. ¿Por qué?, porque si se preciara de ser una propuesta de demócratas, basada en el bienestar del pueblo, fortalecería nuestras instituciones y buscaría ganar las elecciones “a las buenas”, no al estilo de los priistas que ahora se lanzan a los brazos purificadores de Morena.
Por ello, las instituciones independientes son fundamentales para el funcionamiento de la democracia. Los poderes Judicial y Legislativo y los organismos de control garantizan un contrapeso, previniendo la concentración excesiva de autoridad en manos de un solo grupo o individuo, lo que genera abusos de poder.
El Estado de derecho significa que todas las personas, funcionarios incluidos, están sujetos a las mismas leyes y normas.
La rendición de cuentas genera un control efectivo sobre los actos del gobierno, fomentando la transparencia. Ya conocemos la consecuencia al escándalo de corrupción en Segalmex.
Los tribunales protegen los derechos individuales y las libertades civiles. Actúan como salvaguardas contra posibles violaciones de derechos por parte del gobierno.
En conclusión, el proyecto de desmantelar el Poder Judicial es mero populismo judicial. Pero el precio que podemos pagar depende de todos.
Mis pensamientos con todas y todos los que sufren.
