El primogénito
“Nos hacen falta más vallas para escribir más nombres de mujeres asesinadas”, así expresaba una pancarta en la marcha del 8M, que dejó en claro que el gobierno de Morena descarriló su narrativa; su estrategia de comunicación se desarticuló y se desveló que no ...
“Nos hacen falta más vallas para escribir más nombres de mujeres asesinadas", así expresaba una pancarta en la marcha del 8M, que dejó en claro que el gobierno de Morena descarriló su narrativa; su estrategia de comunicación se desarticuló y se desveló que no se entiende y no se quiere entender el origen de esta gran crisis.
Dicho con toda proporción, el gran perdedor de este 8M es el Presidente y su agenda de “izquierda progresista”, porque no puede proclamarse una transformación donde el sector más importante y su derecho a la expresión estén excluidos.
En comparación con la marcha del año pasado, que diferenciaba varios pendientes en seguridad, equidad laboral y salarial, acceso a la salud, etcétera, en ésta, el centro del reclamo fue directamente él y lo que representa para ellas.
Incluso podría decirse que lo sabe por el tono de sus diversas declaraciones ofrecidas en el contexto de la marcha. No es algo que le preocupe y a su cálculo electoral deberá ajustarse Morena, le guste o no a Mario Delgado y a las mujeres militantes de ese movimiento.
Está trasladando ese conflicto a Morena para que lo resuelva. Pero, paradójicamente, deslegitima cualquier propuesta electoral que tenga como objetivo los reclamos feministas.
La defensa de Félix Salgado es una ruta que muchas y muchos no quieren ver como una vía para conseguir, a toda costa, los votos y mantener la mayoría en la Cámara de Diputados.
El caso es obvio: Palacio Nacional estira la liga y apuesta a que el conflicto mediático baje, para que su candidato sobreviva. Morena que se las arregle como pueda.
Como todos los gobiernos, el Presidente ha aplicado la estrategia de nombrar a un número importante de mujeres en su gabinete para diferenciarse de los pasados. No está en duda el tema de la paridad, el problema es que las decisiones las toma él.
¿Es esto lo que llaman Gender-washing? es decir, aparentar que hay una equidad en el acceso a las posiciones públicas, pero que no generan decisiones reales ni políticas públicas con perspectiva de género. Veremos.
Mientras, las autoridades apuestan a mantener el flujo de dinero en efectivo para entregar a jóvenes y adultos e influenciar su voto.
Es una anormalidad en la que han incurrido todos los gobiernos y que busca desterrarse por parte de las autoridades electorales, por eso se mina la reputación del INE.
Se busca la misma ruta con el uso patrimonialista de las vacunas, generando la percepción de que los vacunados están en deuda con Morena. Existen varios testimonios, en video y en fotografía, dados a conocer por la prensa, en los que se llama clara e ilegalmente a los adultos a votar a cambio de ser inoculados.
Por ello resulta oportuno que el Tribunal Electoral del PJF confirmara que el INE otorgue medidas cautelares contra Morena “por vincularse con el registro de beneficiarios de programas del gobierno federal y el supuesto uso del programa de vacunación contra covid-19”.
No pretendo saturar a las y los lectores, dado que mucho se ha escrito ya, afortunadamente, sobre la marcha y la misoginia morenista, sino poner énfasis sobre el porqué se trata de una de las peores crisis y cómo el gobierno decidió perderla.
Las reglas de la comunicación política aplicables a las crisis establecen que, cuando existen víctimas derivadas de un hecho o una omisión por parte de una autoridad, se debe actuar con una urgente empatía con las víctimas y sus familias, y asumiendo con transparencia el error cometido o la omisión, y tomando acción para mitigarlo.
Aquí se decidió no hacerlo. La estrategia consciente presidencial fue deslegitimar a las mujeres y colocarlas como adversarias políticas. Se alió con los victimarios, por un lado, y negó las omisiones, por el otro.
El gobierno busca deslizar los feminicidios en las responsabilidades de las autoridades estatales, como Enrique Peña Nieto lo intentó con el caso de los estudiantes de Ayotzinapa.
En conclusión, se concibe al feminismo bajo una visión muy elemental: como “un desafío a la autoridad paterna”. “Caray, si nosotros queremos mucho a las mujeres y no hay como ellas para cuidar a sus padres”, se dijo en una mañanera.
Se hizo de Salgado Macedonio el primogénito que merece la gracia. El padre no puede concebir la deslealtad de las hijas, a menos que las hayan manipulado esas malas compañías: “esas cosas que vienen del extranjero”.
Los alcances de quemar el puente con el movimiento feminista y las víctimas de feminicidio serán profundos. Veremos los efectos.
