¿Y la dignidad humana en dónde está?

Es una realidad que para todos los que nos dedicamos al servicio público y a la política, nuestro objetivo son las personas, es decir, que tengan más seguridad, mejores salarios, un sistema de salud digno, más oportunidades de desarrollo, mejores escuelas… Pero ...

Es una realidad que para todos los que nos dedicamos al servicio público y a la política, nuestro objetivo son las personas, es decir, que tengan más seguridad, mejores salarios, un sistema de salud digno, más oportunidades de desarrollo, mejores escuelas…

Pero también es una realidad que muchos servidores públicos y políticos nos perdemos, con frecuencia, en las estadísticas de las instituciones con más credibilidad y renombre para buscar la mejor manera de que esas cifras se incrementen y poderlas proyectar en pláticas o en las comunidades donde somos electos. Incluso llegamos a pensar que si dichas estadísticas suben, es misión cumplida, por eso quiero utilizar este espacio para hacer una pausa justo en esta reflexión.

Cuando estamos inmersos en el día a día nos perdemos en lo que “debemos tener” como si fuera un tema de supervivencia para crecer y no nos preocupamos por contestar una cuestión tan sencilla como la siguiente: ¿para qué estamos en esta vida? Hoy estoy convencido de que los servidores públicos y los políticos debemos entender que nuestro objetivo no es tener más votos el día de la elección, sino que, más bien, eso debiera ser el resultado de nuestro actuar.

Como ya mencioné, nuestro objetivo debe ser regresar la dignidad humana a las personas, pero, en los hechos, nos hemos perdido en el mundo de lo económico y hemos abandonado los valores y la búsqueda de esa dignidad.

Estamos en el siglo XXI, tenemos toda la información que jamás habíamos pensado, tenemos tecnología inimaginable, sabemos cómo y qué debemos hacer para crecer económicamente, entre otras muchas cosas, pero, tristemente, hemos perdido la esencia de la dignidad humana entendida como la capacidad de la libertad y los valores.

A los políticos, en muchas ocasiones, se nos olvida comportarnos como seres humanos, nos cavernalizamos por cuestiones estúpidas, nos encerramos en nuestro ego y nos negamos a compartir o darle crédito a los demás por la simple razón de no pertenecer a nuestro mismo partido político.

Un dato que siempre me ha alarmado es el número de suicidios de personas de un nivel socioeconómico “alto” y el cuestionamiento es, ¿por qué las personas que supuestamente tienen “todo”, se suicidan? La respuesta debiera ser muy lógica: seguramente tenían “todo” lo material, pero simplemente no tenían aquello que no se puede comprar, es decir, la felicidad, sí, la felicidad de tener libertad para darle un sentido a sus vidas.

Esto justamente debe ser el objetivo de cualquier político, darle a las personas motivos para que sean felices, amen el lugar donde viven, que se sientan parte de él, que sepan y gocen de esa libertad. Dicho de otra manera, es necesario que busquemos regresar a ese romanticismo por la vida que alguna vez hubo en nuestro país y nuestras ciudades y que hoy en día esta opacado por el materialismo y la necesidad de creer que el tenerlo “todo” nos llevará a ser felices.

Hoy, a unas semanas de la instalación de la Primera Legislatura del Congreso de la Ciudad de México, puedo asegurarles que haré todo lo que esté en mí para regresarle la dignidad a sus habitantes, para que, independientemente del estatus social que tengan, se sientan orgullosos de pertenecer a la capital del país, porque ésta les regresará la libertad y los valores necesarios para amar su vida y vivirla plenamente. En otras palabras, simplemente para darle sentido a nuestras vidas.

                *Coordinador del GP del PVEM en la Cámara de Diputados

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