“Por favor, siempre tomen como primordial su salud mental”

Jesús Sesma Suárez

Jesús Sesma Suárez

Avenida México

No fue una frase pronunciada en una conferencia ni escrita en un libro de autoayuda. Fue el último consejo que dejó Orlando García Maciel, policía administrativo del municipio de León, Guanajuato, antes de quitarse la vida. En un video grabado mientras portaba su uniforme, habló de una “depresión silenciosa” que, según sus propias palabras, terminó por consumirlo. Su despedida conmovió al país, pero también nos obligó a hacernos una pregunta incómoda: ¿cuántas personas cercanas a nosotros estarán atravesando exactamente lo mismo sin que lo sepamos? Probablemente más de las que imaginamos.

Existe la falsa idea de que, quien vive con depresión, necesariamente luce triste, aislado o incapaz de continuar con su vida cotidiana, pero la realidad puede ser mucho más compleja. Muchas personas mantienen un empleo, sostienen conversaciones, sonríen en reuniones familiares, cumplen con sus responsabilidades y aparentan normalidad mientras libran una batalla interna que nadie alcanza a ver.

Pero dicha condición no es competencia sólo de quien la enfrenta; hace mucho que la salud mental dejó de ser un asunto individual para convertirse en un desafío de salud pública. En México, los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los padecimientos mentales más frecuentes. Además, las cifras de suicidio han mostrado una tendencia creciente durante la última década, particularmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Diversos especialistas coinciden en que, tras la pandemia, la demanda de atención psicológica aumentó de manera importante, mientras que la capacidad institucional continúa siendo insuficiente para responder a esa necesidad.

El problema también alcanza a niñas, niños y adolescentes. La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes vive con algún trastorno mental y advierte que el suicidio figura entre las principales causas de muerte de las personas de entre 15 y 29 años. Frente a esta realidad, resulta insuficiente repetir que debemos cuidar nuestra salud mental si las condiciones para hacerlo siguen siendo limitadas. Desde distintos espacios legislativos, el Partido Verde ha impulsado iniciativas para fortalecer la atención a la salud mental, ampliar el presupuesto destinado a este rubro, incorporar programas de prevención en los centros educativos, reconocer la salud mental como un derecho humano y avanzar en mecanismos que permitan, incluso, otorgar incapacidades laborales cuando existan padecimientos debidamente diagnosticados relacionados con la salud mental.

Y es que hablar de salud mental no es hablar únicamente de emociones, es hablar de productividad, de seguridad, de convivencia familiar, de rendimiento escolar, de violencia, de adicciones, de desarrollo económico y, sobre todo, de dignidad humana. Un país que descuida la salud emocional de su población termina pagando costos enormes. Por eso la salud mental debe ocupar un lugar prioritario en la agenda pública, con políticas preventivas, atención accesible y oportuna, personal especializado y campañas permanentes para combatir el estigma que todavía rodea estos padecimientos.

Quizá ésa sea la mejor manera de honrar el último mensaje de Orlando García Maciel: entender que la salud mental nunca debe dejarse para después. Porque pedir ayuda no es un signo de debilidad, muchas veces es el acto de mayor valentía.

Finalmente, quiero expresar mi reconocimiento y solidaridad a todas las personas que hoy enfrentan una batalla silenciosa contra la depresión, la ansiedad o cualquier otro problema de salud mental, a quienes, aunque nadie lo note, reúnen fuerzas cada mañana para levantarse, trabajar, estudiar, cuidar de su familia o simplemente seguir adelante. Su lucha merece ser vista y su vida merece toda la ayuda posible.