La era de las ciudades verdes

Cada vez más, se apuesta por un modelo distinto.

Jesús Sesma Suárez

Jesús Sesma Suárez

Avenida México

La lógica de estructurar las ciudades en función de construir más calles e infraestructura para más autos está cambiando en muchas partes del mundo. Cada vez más ciudades están apostando por un modelo distinto, uno que prioriza a las personas, la naturaleza urbana y la calidad de vida. Ese cambio no es sólo estético o ambiental, se trata de una transformación profunda en la forma como se entiende la vida urbana.

 A lo largo de la historia se permitió que el automóvil dominara el espacio público, pero ahora el objetivo, y el gran reto, es recuperar calles, plazas y barrios para quienes realmente viven la ciudad: peatones, ciclistas, familias y comunidades.

París es uno de los ejemplos más visibles de esta transición. En los últimos años, la capital francesa ha adoptado el modelo de la “ciudad de 15 minutos”, un esquema de proximidad para que las personas puedan encontrar lo esencial (escuelas, parques, comercio, transporte o servicios) a menos de 15 minutos caminando o en bicicleta desde su casa. Por supuesto, para lograrlo, es preciso hacer una reestructuración, por lo cual en esta ciudad se han rediseñado calles completas, ampliado banquetas y construido más de mil kilómetros de ciclovías, al tiempo que se restringe el paso de autos en algunas zonas. Más recientemente, los parisinos aprobaron un plan para cerrar 500 calles al tránsito vehicular y convertirlas en espacios para peatones, bicicletas y áreas verdes.

Y ése es sólo un ejemplo. Actualmente, muchas ciudades cuentan con iniciativas que parten de la idea común de organizar el entorno urbano en torno a las personas y no al automóvil.

Pero el urbanismo verde no se limita sólo a la movilidad, también parte de apostar por infraestructura verde, como corredores ecológicos, parques lineales, techos verdes y la recuperación de los espacios naturales dentro de las ciudades.

En lo que respecta a la Ciudad de México, la pregunta inevitable es, ¿qué puede aprender de esta transformación global? Nuestra ciudad enfrenta retos muy similares a los de otras como París o Barcelona en el pasado, con tráfico saturado, contaminación del aire, presión sobre el espacio público y una enorme densidad urbana. Pero, al mismo tiempo, tiene barrios vivos, transporte público masivo y una cultura urbana donde la calle sigue siendo el espacio social predilecto.

Programas como el paseo dominical Muévete en Bici, mediante el cual se restringen vialidades al paso de automóviles los fines de semana y la expansión de ciclovías en rutas importantes, representan un buen esfuerzo hacia el uso de la bicicleta, sin embargo, el siguiente paso debe ser más ambicioso.

La CDMX puede avanzar a la estructuración de barrios de proximidad, donde las personas tengan servicios, comercio, parques y transporte más cerca de su casa. Esto reduciría los desplazamientos largos y ayudaría a disminuir las emisiones de contaminantes. Asimismo, es preciso seguir apostando a la recuperación del espacio público, convirtiendo algunas calles en corredores peatonales o zonas verdes permanentes.

Más que copiar modelos extranjeros, se trata de adaptar las necesidades de crecimiento y reorganización a la realidad local desde un enfoque más verde, no sólo por cuestiones ambientales, sino por una ciudad más saludable, cercana y humana.

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El progreso urbano ya no significa más coches y más avenidas. Hoy se vive en la era de las ciudades verdes, en la cual el verdadero progreso consiste en recuperar el espacio público, plantar más árboles y volver a caminar la ciudad.