Debemos pensar en los niños y niñas antes que en los criminales
La aplicación de la pena de muerte es, sin duda alguna, un tema muy controversial, sobre todo si se aborda desde la perspectiva de respeto a los derechos humanos, como el derecho a la vida, por ejemplo. Aun más si se piensa en los innumerables casos de personas inocentes ...
La aplicación de la pena de muerte es, sin duda alguna, un tema muy controversial, sobre todo si se aborda desde la perspectiva de respeto a los derechos humanos, como el derecho a la vida, por ejemplo. Aun más si se piensa en los innumerables casos de personas inocentes que están tras las rejas a causa de la negligencia y la corrupción por parte de funcionarios públicos y autoridades.
Sin embargo, yo me pregunto, ¿no es justo poner ya un castigo ejemplar a esos seres atroces e inhumanos que, sin ningún reparo, se han atrevido a cometer actos bárbaros e inconcebibles en contra de personas inocentes, en particular contra mujeres, muchas de ellas menores de edad?
No podemos hacernos de oídos sordos. Las circunstancias y, sobre todo, la sociedad, exigen castigos ejemplares ante los crímenes de tortura, abuso sexual y asesinato que están acabando con la vida de tantas mujeres y niñas en nuestro país.
Las mujeres están haciendo un gran trabajo, no sólo en la defensa de sus derechos, sino que, aun bajo la amenaza de un contexto inseguro para ellas, están ahí afuera, unidas, reclamando justicia por todas aquellas cuyos crímenes han quedado impunes, pero, ante todo, exigiendo que se haga algo para proteger sus vidas y para evitar convertirse en una más de la larga lista de las estadísticas de feminicidio en México.
¿Y en dónde quedamos nosotros, los responsables de trabajar desde las distintas esferas del sector público y del gobierno, incluso desde nuestro lugar como ciudadanos, por la integridad y el bienestar de las personas, sobre todo de las más vulneradas?
Lo que se ha generado no es un movimiento de mujeres contra hombres o de mujeres contra un grupo político. Más bien, es el levantamiento de un sector de la sociedad que está siendo severamente afectado y no quiere serlo más. Los hechos están evidenciando que algo anda muy mal y debe ser detenido y corregido de inmediato.
¿Es entonces la pena de muerte que propone el Partido Verde un castigo “demasiado severo” para aquellos violadores y asesinos de mujeres y de niñas? Sería bueno saber qué opinan los padres, madres, hermanos, hermanas, amigos, amigas y seres queridos de todas esas personas que han perdido la vida bajo circunstancias tan terribles como las de la niña Fátima o la joven Ingrid Escamilla?
Y es que, desafortunadamente, creo que hace falta mucha empatía. Generalmente, las personas no reaccionan ante hechos así hasta que le pasa a alguien cercano a ellas.
Esta propuesta de aplicar la pena de muerte que promueve el Partido Verde de ninguna manera busca que paguen inocentes por criminales. Está basada en la búsqueda de justicia de las jóvenes menores de edad, niños y niñas que han perdido la vida en manos de seres sanguinarios, como el Los Monstruos de Ecatepec, El Monstruo de Toluca y todos esos violadores y feminicidas que se han atrevido a hacer tanto daño a las familias mexicanas. Es innegable que la pena de muerte parece, a todas luces, un castigo muy grande y desmedido. Sin embargo, también es cierto que delitos así de graves, como los que he mencionado, deben ser sancionados con una pena de la misma magnitud y trascendencia. Se trata, principalmente, de pensar en el bienestar, tranquilidad y sano desarrollo de toda la sociedad y, particularmente, en los niños y las niñas antes que en los criminales.
