Anfitriones a la altura del Mundial

Jesús Sesma Suárez

Jesús Sesma Suárez

Avenida México

Hoy arrancan las actividades de la Copa del Mundo en la capital del país, de esta  fiesta deportiva que traerá consigo visitantes, reflectores internacionales, derrama económica y una oportunidad invaluable para mostrar la grandeza cultural, humana e histórica de nuestro querido México. Sin embargo, también se produce un momento complejo: el reto de lograr que nuestra ciudad sea buena anfitriona, pese a sus problemas de movilidad, seguridad e infraestructura que en ésta, como en cada temporada de lluvias, vuelven a exhibirse con crudeza.

Basta que caiga una lluvia fuerte para que encharcamientos, inundaciones, vialidades paralizadas, transporte rebasado y ciudadanos atrapados durante horas salgan a flote como parte de una realidad que no se puede negar. A ello se suman manifestaciones de diversos sectores sociales que, cansados de no ser escuchados, salen a las calles para exigir respuestas. 

Y ES IMPORTANTE DECIRLO: manifestarse es un derecho legítimo, sobre todo cuando las necesidades han sido ignoradas o postergadas, por lo que no se trata de guardar silencio ni de fingir que todo está bien porque vendrá el mundo a visitarnos. No se trata de intentar guardar la basura debajo del tapete ni ocultar ante los ojos internacionales los problemas que todavía no hemos logrado resolver. Ser sede mundialista no borra las deudas históricas con la ciudadanía ni cancela el derecho de quienes reclaman mejores condiciones de vida, justicia y más seguridad. 

Pero sí es preciso reflexionar sobre la forma en que queremos vivir esta justa mundialista. Ser buenos anfitriones no significa quedarse callados cuando la visita resulta incómoda o cuando la casa tiene grietas. Un buen anfitrión no niega sus problemas; los atiende con educación, responsabilidad y buenas prácticas. Recibe a sus invitados con dignidad, procurando que la convivencia no se convierta en desorden, tensión o caos para ninguna de las partes. Y estoy seguro que así será.

Quienes habitamos la ciudad tenemos presente que ésta enfrenta una presión enorme en materia de movilidad, con un sistema que muchas veces opera al límite. Si a esa carga cotidiana se agregan turistas, eventos masivos, traslados hacia estadios, concentraciones deportivas, cierres viales y operativos especiales, podemos entender que el reto será mayúsculo. Por eso, cualquier concentración adicional debe pensarse con enorme responsabilidad, pues nunca el derecho de unos debería terminar afectando la vida diaria de otros.

La seguridad es otro tema importante, pues durante estas actividades del Mundial se requerirá una concentración importante de elementos para cuidar estadios, zonas turísticas, transportes, hoteles, espacios públicos y rutas de acceso. Y es preciso recordar que dicha atención no será sólo para los visitantes extranjeros. Miles de mexicanos que asistirán a los partidos, que trabajarán como vendedores, proveedores de servicios o participarán en actividades relacionadas con el evento, también requieren transitar seguros. Por ello es INDISPENSABLE procurar que cualquier concentración o acto de expresión se realice de manera pacífica, ordenada y sin actos que paralicen la ciudad y distraigan recursos que harán falta en otros puntos.

Recibir una Copa del Mundo no se trata de lograr que la ciudad luzca bonita en las transmisiones internacionales, se trata de generar verdaderamente una buena experiencia y demostrar ser una sede a la altura de las exigencias. 

Ser buenos anfitriones implica mostrar lo mejor de nosotros sin negar lo que nos duele. Implica recibir con alegría, pero también actuar con responsabilidad. Implica protestar cuando sea necesario, pero hacerlo sin multiplicar el desorden. Implica exigir a las autoridades, pero también reconocer que una ciudad colapsada nos afecta a todos.

Por todo ello les quiero hacer una invitación a todas y todos para hacer de esta Copa del Mundo una verdadera fiesta, pero también una prueba superada de civilidad, organización y conciencia de todas y todos los que habitamos esta gran ciudad.