El contraste

Hasta ahora, el Frente Ciudadano por México es un agrupamiento político que actúa ante diversos acontecimientos que influyen en la vida nacional e impactan en la vida de las personas. Han sucedido eventos en los que, a mi parecer, el Frente político lo ha hecho bien, a pesar de su muy reciente creación, y a contrapelo de quienes auguraban que nunca podría materializarse. Sin embargo, el Frente aún no ha ratificado propósitos de carácter electoral, lo que sería deseable y necesario para el país.

Desde luego que los dirigentes de los partidos que forman el frente político deben de estar considerando el calendario electoral, pero más aún, están tomando en cuenta el hecho de que la ciudadanía observa hasta el detalle —después de los efectos catastróficos de los sismos—, el comportamiento de todos aquellos personajes relevantes en el acontecer político y social.

En cualquier momento de la vida del país, pero especialmente ahora, toda impostura, impertinencia o incluso errores serán severamente cuestionados y sancionados por la gente. Pero por ello mismo es que sería una torpeza el perder de vista que ya se ha iniciado el proceso electoral más grande —y quizás el más influyente— en la historia contemporánea de México.

Ante estos comicios existen diversas opiniones. Están, por ejemplo, las que alegan aquellos extremistas de todo signo, y que han llegado a considerar e incluso a proponer que no se lleven a cabo las elecciones.  Este despropósito pretenden justificarlo en razón de... ¡los intereses de la gente!

¡Nada de elecciones —dicen—, pues lo que importa es la gente!

Este discurso demagógico, reitero, es insensato debido a que nunca, aun en los momentos más difíciles, se contraponen los intereses generales del país y los de la gente, con la vida democrática. Esto es así, incluso, a pesar de que nuestra democracia adolece de muchos problemas y carga con grandes deficiencias.

La pérdida de cientos de vidas humanas; la existencia de centenares de miles de damnificados en el centro y sur del país (que deben ser la prioridad de toda la administración pública); las grandes tareas y los enormes recursos económicos que implica la reconstrucción no deben ser confrontadas, como si de un dilema se tratara, con las elecciones constitucionales.

Ha sucedido en algunos países, donde gobernantes déspotas arguyen desastres o emergencias nacionales para cancelar derechos constitucionales, como el de elegir mediante comicios equitativos y de manera libre a los representantes y gobernantes.

Hay otros  —es el caso de México— donde el evidente alejamiento de los partidos políticos respecto de la sociedad civil, respecto de los representados, puede reproducir lo que el sociólogo alemán Robert Michels denominó como “ley de hierro de la oligarquía”, según la cual, en el interior de las organizaciones sociales y políticas, incluso las formalmente democráticas, los líderes se alejan de las bases y utilizan su poder e influencia y recursos para preservar, directa o indirectamente, intereses propios, particulares (José Antonio Crespo. Partidos políticos y sociedad civil. ¿Qué izquierda para México? Primer foro consejo consultivo del FA).

Para detener ese proceso que deteriora la vida democrática (y sin que se descuide la reconstrucción y el suficiente apoyo para los damnificados), las y los electores no debieran, menos ahora, soslayar la importancia de involucrarse en los asuntos públicos y de participar de manera activa e influyente en el desarrollo y en el resultado de las próximas elecciones.

En ese sentido, el Frente Ciudadano por México debiera dar los pasos necesarios para avanzar en la constitución de una coalición electoral, la misma que desde el inicio de la contienda debiera hacer contraste y diferencia con otras posibles alianzas políticas.

El contraste debe estar visible en el programa de gobierno, y debe estar acentuado en la idea, que es novedosa para nuestro país, sobre la instalación de un gobierno de coalición.

Pero, además, frente a quienes representan al viejo sistema, la propuesta del Frente debe poner énfasis, precisamente, en el hecho de que los intereses partidarios y los de carácter personal se someten a los intereses superiores del país, de la ciudadanía y de la población en general. Este principio democrático debe ser evidente, diáfano, tangible en todo tiempo, pero, principalmente, cuando se trate de elegir a las personas que serán candidatas del Frente.

En el PRI las candidaturas las resolverá Peña Nieto, especialmente, la presidencial; en Morena ya se han resuelto, casi todas, por López Obrador. En contraste, el Frente debiera involucrar a las y los ciudadanos en el proceso de definición de las candidaturas. Eso nos hace diferentes.

Temas: