Macron y la amplia coalición gobernante

Los recientes comicios en Francia dejan muchas lecciones de las que políticos, partidos, empresarios, gobernantes, intelectuales, ciudadanas y ciudadanos debiéramos aprender. 

La primera lección: debemos reflexionar que la crisis de los partidos políticos no es exclusiva de México, sino mundial. Se presenta, como ya lo vimos, en EU, Gran Bretaña, Holanda, España, Grecia, Argentina, Brasil, Sudáfrica, Venezuela y en muchos más países. ¡El reconocimiento de lo anterior no tiene el propósito de aligerarnos la carga de nuestros problemas como país! ¡No, de ninguna manera! En sentido contrario, pretendo convencer de que, generalizados los problemas, las respuestas a estos no podrán surgir —ni en Francia ni en México— de estrechos nacionalismos, sino que, en todo caso, se deben presentar soluciones con perspectivas globales.

Una segunda lección: cualquier respuesta a los enormes problemas en México, como los de la inseguridad, pobreza, desigualdad, violencia y la corrupción no provendrán de ninguna concepción ortodoxa. En sentido diferente, la capacidad de innovar en el pensamiento y en la acción política será la manera más eficaz de convencer a las y los ciudadanos de involucrarse en los asuntos públicos. Emmanuel Macron, el candidato social-liberal que muy posiblemente ganará la segunda vuelta, participó en el gobierno de Hollande, pero su propuesta programática está muy alejada de los convencionalismos del Partido Socialista.

La población de cualquier parte del mundo y, desde luego, la que existe en México, reclama soluciones inmediatas a sus problemas. Pero, en esa dinámica, frecuentemente se cae en el riesgo de aceptar, incondicionalmente, a los liderazgos populistas que son, precisamente, los que ofrecen soluciones basadas, para todo propósito, en mentiras, dogmas, frases trilladas, eslóganes publicitarios, certezas, ideologías, catecismos, como es el caso de Marine Le Pen. Las elecciones en Francia nos enseñan que a estos personajes, representativos del extremismo de derecha o izquierda, se les vence con ideas, fórmulas y propuestas surgidas de la heterodoxia; de la audacia para innovar; de la determinación para renovar el pensamiento y la acción política. A los extremistas no se les vence desde las trincheras de otros extremismos.

Una tercera lección tiene que ver con el hecho de que las ideologías —los pensamientos aprisionados en dogmas, esclerotizados en mitos— dejaron de tener fuerza e impacto entre las y los electores, especialmente entre aquellos que son jóvenes. Las fórmulas ideologizadas (de derecha o de izquierda) son, francamente, anacrónicas y se caracterizan por su tufo conservador. El conservadurismo no distingue de ideologías y así como Trump o Le Pen reflejan formas de conservadurismo, lo mismo hacen personajes como Maduro, Kim Jong-un y Daniel Ortega, que representan visiones conservadoras, aunque lo hagan desde partidos pretendidamente de izquierda.

Macron, un hombre pragmático y heterodoxo en el pensamiento, contará —contra toda lógica ideologizada— con el apoyo de los comunistas, socialistas, liberales progresistas, de los liberales conservadores y hasta de importantes sectores de la derecha no extremista. Se formará, así, una coalición electoral y de gobierno que representará a la gran mayoría de las y los electores franceses. Ésta es otra lección para los políticos mexicanos, algunos de los cuales son reacios a cualquier coalición, porque creen que la gobernabilidad no proviene del quehacer de la política, sino de la gracia que les ha sido asignada por alguna divinidad. En esa creencia, no les importa acceder al gobierno con apenas el 25 o 30% de las preferencias; no les importa, porque creen que los asuntos del gobierno dependen de la fortuna o de que “un buen hombre se siente en la silla presidencial”.

Contrario a esta superstición tan dañina, ahora está demostrado que las coaliciones electorales y de gobierno resultan indispensables para la gobernabilidad democrática.

La enseñanza mayor de la primera vuelta en Francia es que, frente a la opción del statu quo y frente a la posibilidad del populismo conservador, debe abrirse la alternativa del frente amplio que sea capaz de sumar al mayor número de fuerzas políticas, bajo el cobijo de un programa para el eficaz combate a la corrupción; para el avance hacia la estabilidad política, el desarrollo económico, el empleo y la seguridad de las personas.

Emmanuel Macron dice que “el movimiento es una amplia coalición de socialdemócratas, de liberales, centristas, ecologistas [...] la verdadera división se encuentra entre progresistas y conservadores; entre apertura e inmovilismo”.

Twitter: @jesusortegam

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