El Estado de México y la pluralidad política
Nunca, como ahora, se habían presentado las circunstancias tan favorables y condiciones tan propicias para que se logre la alternancia en el gobierno del Estado de México. En esta entidad, como es conocido, se realizarán en junio del presente año las elecciones para elegir gobernador.
Ese estado de la República es el segundo más importante desde el punto de vista económico, pues su PIB es apenas superado por el de la Ciudad de México. La entidad mexiquense, de entre todas las demás, es la que concentra el mayor número de electores del país, pero, sobre todo lo anterior, el gobierno en el Estado de México es el símbolo político, sobreviviente, del régimen priista autoritario y corrupto.
Terminar con este símbolo sería razón suficiente para construir una alianza electoral tan amplia que fuera suficiente para ganarle las elecciones al partido que hoy gobierna en Toluca, es decir, al PRI. Ello se traduciría en un paso importante a la terminación definitiva del viejo régimen.
En razón de lo anterior es que considero que no hacer todo lo necesario y posible para registrar la coalición más amplia (PRD, PAN, PT, MC y Morena) es, ciertamente, un error político. Es una irresponsabilidad política que, de darse, favorecería las posibilidades del PRI para mantenerse en el gobierno del Estado de México y, lo más grave aún, para permanecer como partido hegemónico en el Congreso de la Unión y en el Ejecutivo federal.
Con lo anterior no estoy descalificando o minimizando la fuerza, presencia y experiencia de ninguno de los aspirantes de partidos opositores. Advierto que, dadas las circunstancias electorales y las de carácter político y social, la unidad opositora garantizaría la alternancia; en sentido diferente, dispersar el voto opositor contribuiría a que el candidato del PRI —aun con un bajo porcentaje— ganara la elección.
Registrar ante el órgano electoral la intención de conformar una alianza amplia opositora no implica que se defina, desde ahora, quién la encabece como candidato.
Los compañeros Juan Zepeda y Javier Salinas mantendrían sus aspiraciones legítimas, como sucedería con los aspirantes del PT, MC, PAN y, desde luego, es el caso de Alejandro Encinas u otros de carácter independiente que podrían sumarse a la gran coalición.
Entiendo que hay analistas serios que mantienen la idea de que los partidos políticos que tienen grandes diferencias programáticas entre sí no pueden llevar a cabo alianzas electorales, por, argumentan, la imposibilidad de gobernar de manera conjunta siendo diferentes. Me parece que se equivocan porque las sociedades modernas, democráticas, se basan en el reconocimiento de las diferencias, decía el ingeniero Barros Sierra cuando era el rector de la UNAM y ésta, junto a otras escuelas de educación superior eran sujetas a la represión de un Presidente y de un partido que insistían en un régimen de gobierno que desconocía la diferencia, la perseguía y la encarcelaba. Esa pretensión autoritaria no debe mantenerse y lo que debemos alentar son sociedades plurales y gobiernos que representen la composición de las nuevas sociedades como la que está surgiendo en nuestro país.
Ojalá que en el Estado de México se avance en la alternancia y, con ello, en la democracia y la pluralidad.
Twitter: @jesusortegam
