Nacionalismos e integrismos
Donald Trump,
este personaje
con comportamientos regresivos
y pensamientos absolutistas, será el Presidente
de los Estados Unidos
de América y tendrá la facultad
de manejar el arsenal nuclear suficiente para destruir
a la humanidad. Pero esta
situación tan riesgosa no
sólo se presenta en Norteamérica.
En Rusia se ha instalado
un gobernante cuyo principal programa político está sostenido
en un nacionalismo anacrónico,
desde donde se alientan acciones
que violentan derechos humanos. Estos son dos casos notables
de la expansión de comportamientos xenófobos y de nacionalismos extremistas.
Pero hay, lamentablemente, otros procesos igual de graves en Europa, y hasta en aquellos países en donde la democracia y la pluralidad han alcanzado los mayores niveles de desarrollo humano.
Los extremismos no sólo se presentan en las actitudes xenófobas y nacionalistas, pues lamentablemente los vemos también presentes en los nuevos fundamentalismos religiosos.
Crece la tendencia en muchos países de sustituir las leyes civiles por los dogmas religiosos.
Se pretende, de nueva cuenta —en un nuevo ciclo—, regresar a las concepciones contrarias a la razón y a la ciencia. Y esto se da en el oriente y en occidente.
Desde luego, preocupa el surgimiento de ISIS, que busca la instauración de un régimen teocrático.
Pero hay que advertir que los propósitos regresivos para la humanidad y para la civilización se dan en el nombre de Alá, del islam, pero también se pretenden justificar movimientos integristas en el nombre de Cristo o de otras deidades.
El rechazo a los migrantes que se da en una buena parte de Europa no se presenta sólo en razón de elementos económicos sino, además, y en ocasiones principalmente, por cuestiones culturales y, peor aún, religiosas.
Esto sucede en Polonia, Hungría, Bulgaria, Grecia, Turquía, Austria, Alemania, en la culta Francia y en la gran nación liberal de Estados Unidos de América.
Y también es cierto que en nuestro país —aun después de una guerra de terribles costos— resurge un peligroso movimiento conservador empeñado en terminar con el Estado laico.
El Estado nacional en nuestro país se consolida a partir de una revolución liberal en el siglo XIX que, entre otros logros, establece garantías constitucionales para el ejercicio pleno de las libertades y, entre éstas, la de culto.
Además, se logra la no intervención de las iglesias en los asuntos públicos y en todos aquellos relacionados con el gobierno. Éste que fue un gran avance y sigue siendo ejemplo en el mundo, no debiera experimentar retrocesos.
Nadie debiera propiciar nacionalismos extremistas ni alentar el debilitamiento o la terminación del Estado laico.
Twitter: @jesusortegam
