El paredón moral
López Obrador afirma en las redes sociales que una candidatura a la Presidencia de la República, impulsada y abanderada por el EZLN, es parte de una elaborada estrategia gubernamental para dispersar el voto. De prosperar esta estrategia, AMLO sugiere que se levantarían, de ya, enormes obstáculos a la construcción de una alternativa política y electoral viable durante los comicios de 2018.
La reflexión es de atenderse: imagine, estimado lector, el resultado de las elecciones de 2018 si participan siete, ocho o nueve candidatos presidenciales.
¿Esto es posible? ¡Desde luego que lo es! Y para comprobar la factibilidad de tal escenario tomemos en cuenta que Jorge Castañeda, Jaime Rodríguez, Pedro Ferriz, López Obrador, la candidata del EZLN, el del PRI, el del PAN, el del PRD y probablemente uno o dos más, completarán el conjunto de las candidaturas presidenciales. En esas condiciones es mucho más probable que la alternancia no se presente y sea la permanencia del PRI la que se imponga. Falta tiempo, pero pienso que en el seno de los partidos opositores se está imponiendo la arrogancia y hasta las vanidades para imposibilitar las alianzas amplias que, ciertamente, serían condición sine qua non para los triunfos electorales.
En el caso del EZLN, ¿al anunciar su candidatura a la Presidencia de la República sobresale el sectarismo, arrogancia o, de plano, como sugiere López Obrador, hay complicidad con el gobierno? Opino que sería irresponsable aventurar alguna respuesta, pero lo que queda claro es que, entre más candidaturas participen en la contienda, mayor será la dispersión del voto.
Esto resulta obvio, pero lo que no alcanza a comprender López Obrador es el hecho de que, con su actitud, intolerante y excluyente, él contribuye a la estrategia de la dispersión del voto. En esta primera paradoja se encuentra inmerso López Obrador y de la cual difícilmente podrá emerger. Esto es así, porque a AMLO le resulta imposible concebir —siquiera— que pueda existir una alternativa al priismo que no sea la que él encarna y, por lo tanto, toda pretensión diferente a la suya será de inmediato descalificada y llevada a esa especie de paredón moral, en donde sitúa a todos aquellos que se atreven a pensar diferente.
¿Cómo, entonces, poder sumar a la gran pluralidad y diversidad social, si uno de los principios que guían su acción política es, precisamente, el de la exclusión?
En el comportamiento excluyente es donde encontramos otra de las paradojas que vive el candidato presidencial de Morena. Me refiero a su comportamiento autoritario y que, en esencia, es el mismo con el que, en su momento, Marcos y el EZLN pontificaron sus lecciones de moral revolucionaria. Andrés Manuel López Obrador (¡cómo cambian los tiempos!) fue colocado frente a un paredón moral; fue enjuiciado y sentenciado como traidor a la patria y como parte de la mafia en el poder.
Hay una tercera circunstancia que no deja de ser, igualmente, paradójica. Hago referencia al hecho de que quienes fueron los integrantes del comité de salud pública de Marcos son ahora los integrantes del comité de salud pública de AMLO. Reconozco que tengo una gran curiosidad acerca de cuál será el comportamiento que ahora tendrán quienes fueron idólatras de Marcos ante el severo señalamiento de López Obrador al EZLN.
¿Ahora que son idólatras de AMLO, dejarán caer la pesada fuerza de su ideología en el cuello de los comandantes zapatistas? No faltaba más, pues para esa infame tarea —la de señalar y perseguir a los herejes— son imprescindibles.
Twitter: @jesusortegam
