El desmitificador

Ésta, la del desmitificador, es una de las grandes profesiones a las que puede aspirar un ser humano. Es una profesión, pero también es un afán y es una tarea y, sobre todo, es una convicción. Desmitificar ha sido, a lo largo de la historia de la humanidad, lo que hace posible que las personas y las sociedades dejen atrás la ignorancia y las supersticiones; desmitificar es una actividad que hace que la humanidad se vaya alejando de las tradiciones, de las costumbres; que se deshaga de los prejuicios. Desmitificar es civilizar, es acercarnos a la razón y, por lo tanto, a la libertad. Por ello mismo es que, con frecuencia, la generalidad conservadora ve con recelo a los desmitificadores y les resultan excéntricos, estrafalarios, raros y extraños.

Así aparecen ante los comunes, porque los desmitificadores son personas que confrontan permanentemente lo establecido; que enfrentan lo ordinario y, en consecuencia, es que se oponen a las costumbres, a estas mismas prácticas que se han convertido, durante siglos, en cadenas que aprisionan el pensamiento; en barreras que obstruyen el desarrollo de las sociedades en el terreno de la ciencia, de las artes, de la cultura y de la política.

Los desmitificadores trabajan, luchan, enfrentan, confrontan, sin descanso, a las mitologías que a lo largo de la historia de la humanidad han sido el sustento y el sustrato de las religiones.

Galileo, por ejemplo, fue un desmitificador, es decir, fue de esas personas que dedicaron el tiempo de su existencia a terminar con el mito de que la Tierra, nuestro planeta, era el centro del universo. Hoy sabemos, a ciencia cierta, que la Tierra es un pequeño cuerpo de uno de los millones y millones de sistemas planetarios que existen en las millones y millones de galaxias existentes en eso que llamamos universo.

Galileo, ese desmitificador, fue llevado a juicio ante la Santa Inquisición por innovar en el pensamiento y por contribuir a terminar con la ignorancia. Hace apenas algunos años en que una parte de la Iglesia católica se ha arrepentido de haber condenado a Galileo por hereje, pero habiendo pasado tantos siglos desde que se conocieron sus aportes a la ciencia, aún hoy existen muchas personas y muchas religiones que lo rechazan. ¡Y, sin embargo, es de los desmitificadores!

Copérnico, Newton, Kepler, Descartes, Voltaire, Rousseau, Olimpia de Gouges, Darwin, Einstein, Freud, Marx, Marie Curie, Hawking, Sagan, junto a otras mujeres y hombres son algunos de los más grandes y más conocidos desmitificadores.

Hay otros que no son tan conocidos ni tan famosos, pero que igual dedicaron su vida o parte de ella a socavar, derrumbar, a destruir mitos. Luis González de Alba fue, en México, un reconocido y eficaz destructor de mitos. Siendo muy joven dedicó parte de su vida a desmitificar a la política, a toda, pero sobre todo a aquella que era analizada desde la perspectiva de la izquierda. González de Alba fue un joven comunista que pronto se dio cuenta que al comunismo lo habían convertido en Iglesia y, plenamente consciente de ello, se negó a repetir el dogma; a recitar, como si fuesen sermones, los textos de los pensadores sociales; se negó a convertir a Marx en santo y menos a colocarlo en los altares de la revolución. La inquisición roja le inició juicio por revisionista, por reformista y por hereje.

Luis González de Alba también dedicó “cuerpo y alma” a desmitificar la sexualidad tal y como la han concebido, durante siglos, la Iglesia católica y los regímenes políticos autoritarios. La homosexualidad es un pecado para la Iglesia y es un crimen para los dictadores. El desmitificador vivió su sexualidad fuera del canon y desde esa convicción tuvo que enfrentar al integrismo religioso.

González de Alba fue un científico y un divulgador de la ciencia; hablaba y escribía para derruir a la historia oficial, a la moral oficial, a la política ideologizada, a las y los nuevos santurrones del periodismo. 

¡Luis González de Alba, el implacable desmitificador!

Twitter: @jesusortegam

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