Voto útil y voto dividido

Votar por una alternativa que aparece como tercera fuerza, podría considerarse como un voto inútil.

Cada vez que hay una contienda presidencial con más de dos candidaturas relevantes, surge un debate sobre el voto útil y el voto dividido, ya sea a favor o en contra. Ahora que estamos a tan sólo tres semanas del cierre de las campañas, dedicaré este espacio a discutir las ventajas y desventajas de ambas estrategias de voto.

En una elección bajo regla de mayoría uno puede esperar que cada persona vote por el partido o candidata que represente su primera preferencia para cada cargo. No obstante, cuando hay tres o más candidaturas, es posible que un elector esté dispuesto a sacrificar a su primera preferencia para apoyar una segunda opción que tenga mayores probabilidades de derrotar a quien él considera como la peor opción en la boleta. Es decir, que el voto útil implica realizar una especie de cálculo estratégico o racional sobre las posibles consecuencias del voto en el resultado final de una elección.

¿Cuánto voto útil ha habido antes? Es difícil saberlo, puesto que las encuestas suelen concentrarse en las primeras preferencias y es difícil conocer los motivos por los cuales una persona votó de una u otra manera: lo que para unos puede ser un voto útil, para otros puede reflejar un simple cambio de preferencia de última hora.

Desde un punto de vista aritmético, si se busca derrotar a la primera fuerza en una contienda, la mejor forma de hacerlo es votar por el partido, coalición o candidatura que represente a la segunda fuerza. En este sentido, votar por una alternativa que aparece como tercera fuerza, podría considerarse como un voto inútil o desperdiciado porque no tendrá un efecto tangible en el resultado final. Incluso, si al final de cuentas una tercera fuerza consiguiera más votos que la diferencia o margen de victoria observado entre las dos alternativas punteras de una elección, cabe la posibilidad de que esa tercera fuerza haya ayudado al primer lugar de manera determinante: una especie de aguafiestas que fragmenta el voto opositor —cosa más que bienvenida por la primera fuerza—.

Ahora bien, como las motivaciones del voto son diversas, el argumento aritmético anterior no siempre convence a todos los electores que simpatizan con las terceras fuerzas. Después de todo, sacrificar a quien uno considera como la opción más deseada en la boleta también puede tener costos más allá de las consecuencias aritméticas o instrumentales. En todo caso, toca a la segunda fuerza persuadir a los votantes de la mayor utilidad de votar por ella antes que por otras opciones minoritarias.

Otra forma estratégica de votar es el llamado voto dividido. Cuando las preferencias por un partido son suficientemente intensas, es de esperarse que un votante elija a dicho partido en todas las boletas que tenga a su alcance. Sin embargo, basta tener cierta aversión a los riesgos de la concentración excesiva del poder, o bien cierta preferencia por fortalecer los contrapesos de una democracia, para que sea razonable votar por un partido para la Presidencia y por otros partidos para el legislativo o los gobiernos locales.

El así llamado voto personal —cuando las preferencias por ciertas candidaturas son más fuertes que las preferencias por ciertos partidos—, también puede producir un voto dividido entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, o bien entre cargos federales o locales: alguien puede desear o que continue el partido en el poder federal, pero despreciar a los candidatos locales de ese mismo partido, o viceversa.

¿Cuánto voto dividido hubo en 2018? Si bien López Obrador consiguió 53% de los votos, su coalición sólo recibió alrededor de 43% de los votos para el Congreso. Por su parte, Ricardo Anaya recibió 22.3% del voto presidencial, la coalición PAN, PRD y MC consiguió 27.5% del voto legislativo.

Las encuestas más recientes reflejan altas intenciones de voto por el partido en el poder, pero las mismas encuestas muestran insatisfacción con varias de sus políticas públicas, o bien con gobiernos locales: este 2 de junio, el voto útil y el voto dividido pueden ser formas sofisticadas de emitir diferentes formas de votos de castigo.

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