Transiciones y regresiones democráticas
Desde hace algunos años, hay un renovado debate sobre la calidad de la democracia en México y cuánto se logró o no tras la transición democrática. Y desde que se conoció el resultado electoral del pasado 2 de junio, ya hay quienes se preguntan si estamos viviendo un ...
Desde hace algunos años, hay un renovado debate sobre la calidad de la democracia en México y cuánto se logró o no tras la transición democrática. Y desde que se conoció el resultado electoral del pasado 2 de junio, ya hay quienes se preguntan si estamos viviendo un cambio de régimen y, en caso afirmativo, cómo debería llamarse.
Durante la última década del siglo XX, numerosos expertos en ciencia política y política comparada se dieron a la tarea de analizar y estudiar las causas y consecuencias de las transiciones a la democracia, es decir, desde regímenes autoritarios hacia regímenes más o menos democráticos.
Especialistas como Guillermo O’Donnell y Phillippe Schmitter señalaron que la mayoría de las transiciones comenzaban al interior del régimen autoritario, y que su desmantelamiento o transformación no necesariamente implicaba un arribo exitoso a la democracia. La democratización de países tan diversos como España, Portugal, Argentina, Chile, Brasil o México en América Latina; Filipinas, Corea del Sur o Taiwán, así como numerosos países de Europa del Este. Es por ello que, hacia finales del siglo XX había gran optimismo sobre las posibilidades de un mundo que, por primera vez en la historia, la mayoría de los países podían considerarse democráticos o en transición a serlo.
Por desgracia, en muy pocos países las transiciones democráticas de finales del siglo pasado lograron llegar a una democracia consolidada. Treinta años después, el optimismo se ha convertido en pesimismo: los especialistas en política comparada debaten si estamos viviendo una ola autoritaria irreversible o una especie de recesión democrática en el mundo.
De acuerdo con el Reporte sobre la democracia 2024 del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, los niveles de democracia en el mundo han retrocedido a los niveles observados en 1985 o, en el mejor de los casos, 1998. Desde 2009 a la fecha, la proporción de población mundial que vive en países bajo regresión democrática ha sido mayor que la población que vive en países donde la democracia ha mejorado. En 2024, según el mismo reporte, en 23 países se está deteriorando la calidad de las elecciones y en 35 se está vulnerando la libertad de expresión.
También debe decirse que existe un nutrido debate teórico y empírico entre los expertos en democratización sobre cómo debe o puede medirse de manera comparable la calidad de la democracia en países tan distintos del mundo. Por un lado, reportes como el de V-Dem parten de una concepción liberal de democracia constitucional: un régimen con elecciones libres y justas en donde, además, existen restricciones judiciales y legislativas al Poder Ejecutivo y se protegen derechos humanos y libertades civiles. Los regímenes autoritarios están en el otro extremo.
Un rasgo característico y preocupante de las tendencias recientes es el aumento en el número de países que viven entre ambos extremos, en una zona gris que va del autoritarismo electoral a una democracia insuficiente, es decir, un régimen donde hay elecciones, pero éstas no son suficientemente justas ni se respetan derechos y libertades básicas.
Los regímenes de autoritarismo electoral adoptan o disimulan tener instituciones características de las democracias, y son utilizados para preservarse en el poder. Entre otras cosas, esta simulación es la que torna difícil la medición precisa de las regresiones democráticas.
¿Estamos viviendo una regresión democrática en México? El reporte V-Dem y otras organizaciones internacionales afirman que sí. La reforma judicial en marcha es una clara señal de alerta: el avasallamiento del Poder Judicial es característico de las regresiones democráticas recientes en países como Bolivia, Hungría o Turquía.
El control oficialista de los árbitros y organismos electorales es otra señal preocupante: la autonomía e independencia del Tribunal Electoral y el INE también han sido vulneradas. Desmantelar organismos autónomos como el Inai es otra señal de alerta, sobre todo en un contexto de gobierno unificado. Las señales están allí. ¿Serán irreversibles?
