Tiempos de proteccionismo
Un migrante que llega a trabajar a un país rico no causa un daño a las finanzas públicas, sino al contrario.
El pasado 6 de enero, Justin Trudeau anunció que renunciará a su cargo como primer ministro de Canadá y líder del partido liberal. Hay quienes dicen que Trudeau, quien llegó al poder en 2015 teniendo sólo 43 años, forma parte de un grupo de líderes políticos —tales como Macron y Obama— de corte liberal o progresista que hoy están en franca retirada en diversas latitudes del mundo frente a una creciente andanada de liderazgos demagógicos conservadores, nacionalistas o proteccionistas. En retrospectiva, quizá sirvió de poco el carisma de esos políticos frente a los cambios sociales y políticos de los tiempos que corren.
A lo largo de su mandato, Trudeau impulsó políticas migratorias más abiertas, permitió una mayor inmigración, facilitó la residencia de miles de personas y apoyó a refugiados internacionales. En un primer momento, estas medidas buscaban fortalecer la economía canadiense y paliar los déficits demográficos de una sociedad que envejece más rápido de lo que crece su fuerza laboral, a la vez que posicionaron a Canadá como un país diverso e incluyente.
Por desgracia, diez años después, ese tipo de políticas desgastaron a Trudeau y a su partido, en medio de un creciente malestar contra los migrantes, la inflación y la escasez de vivienda: es muy probable que el partido conservador gane en las próximas elecciones con una plataforma nacionalista análoga a la de Trump en Estados Unidos.
Vale la pena repetirlo tantas veces como sea necesario: la migración internacional promueve el desarrollo económico porque la población inmigrante en países desarrollados no sólo ayuda a cubrir los déficits de sus mercados laborales, sino que también ayudan a financiar las pensiones de los adultos mayores residentes. Un migrante que llega a trabajar a un país rico no causa un daño a las finanzas públicas, sino al contrario. Así como un mayor comercio internacional de bienes y servicios, y un mayor flujo de ideas y capitales han producido un mundo más próspero en los últimos siglos, una mayor movilidad de la fuerza laboral también promueve el crecimiento económico.
Esto no quiere decir que la globalización no está libre de problemas y conflictos. Si bien el comercio y la migración permiten un mayor crecimiento económico, también pueden producir conflictos distributivos al interior de los mercados laborales de cada país y numerosas tensiones sociales y políticas. La población migrante, a diferencia de los bienes y servicios, tiene voz, agravios y exigencias, pero no suele tener los mismos derechos y libertades políticas que la población residente de los países que los reciben: por esta razón, entre muchas otras, es más fácil negociar tratados comerciales que acuerdos migratorios.
Con el conflicto comercial entre China y EU está por concluir la más reciente era de la globalización, pero no la primera. Así como en otras épocas la globalización permitió el intercambio de materias primas, textiles y manufacturas, la más reciente ha facilitado la creación de cadenas de suministro multinacionales y el intercambio de bienes y servicios digitales. Así como los países más desarrollados se benefician con la migración, los consumidores del mundo se han beneficiado con las manufacturas y la tecnología de China y otros países asiáticos.
Son tiempos de proteccionismo: de mayores aranceles y tarifas al comercio de bienes y servicios, y de mayores restricciones a la migración internacional. No se trata de un fenómeno exclusivo de países desarrollados: miles de venezolanos están emigrando a países vecinos, y también ha crecido la migración entre África y América Latina.
Una nueva generación de políticos irresponsables llegará al poder gracias al espíritu de estos tiempos. El crecimiento económico del mundo ya ha perdido dinamismo con las crecientes barreras al comercio internacional. Si a estas tendencias se añaden deportaciones masivas y mayores barreras a la migración, la economía global se acercará a una recesión y el mundo será más pobre. ¿Cuántos años tomará darnos cuenta de que el proteccionismo no es una salida viable del rezago social, sino un espejismo?
