De acuerdo con datos del más reciente reporte sobre la democracia del Instituto V-Dem, en 2025, 74% de la población vive en regímenes autoritarios. Diez años atrás, en 2005, esta proporción era de 50 por ciento. El reporte 2026 de V-Dem señala que el índice de democracia liberal de México se encuentra en el lugar 110 de 179 países evaluados. Por su parte, en el índice de democracia electoral México se encuentra en el lugar 93 de 179.
Si durante la última década del siglo XX se estudiaban las diversas rutas que podrían conducir a una transición democrática, por ejemplo en la así llamada tercera ola de democratización, hoy existe una creciente preocupación sobre el declive, erosión o retroceso de países democráticos hacia el autoritarismo. No sólo se trata de que el número de países democráticos ha dejado de crecer en el mundo, sino que un creciente número de democracias están en declive de un tiempo a la fecha. En consecuencia, y como he señalado en ocasiones anteriores, la literatura académica sobre erosión o retrocesos democráticos está en aumento.
Las y los expertos académicos en el tema hacen una distinción importante: un gobierno populista no es necesario ni implica una erosión democrática, aunque el traslape entre ambos fenómenos es frecuente e importante. Por otro lado, también hay una discusión importante que distingue entre casos de autocratización frente a episodios de retroceso o erosión democrática: el primero se refiere a un endurecimiento de un régimen autoritario, mientras que el segundo suele referirse al deterioro de regímenes democráticos que pueden ser más o menos consolidados.
Una tercera discusión teórica y empírica, es la distinción entre retrocesos democráticos y cambios de régimen. Si consideramos la calidad de una democracia como un fenómeno multidimensional y de escala gradual, en vez de una categoría binaria, surge la discusión sobre en qué momento el declive de una democracia implica un cambio de régimen. No basta con realizar elecciones periódicas para ser una democracia consolidada, también importa la calidad de los procesos electorales, la independencia de los contrapesos, así como la protección a los derechos políticos y las libertades.
Si definimos de manera simple al retroceso democrático como un proceso mediante el cual los gobernantes enfrentan menos restricciones para mantener o ejercer el poder, se puede pensar en varios mecanismos causales. El primero y más obvio es un deterioro en la calidad y la credibilidad de las contiendas electorales, de modo que resulte más difícil derrotar al partido en el gobierno en las urnas: este mecanismo da pie al amplio menú de la manipulación electoral. Un segundo mecanismo consiste en un debilitamiento en los contrapesos y la rendición de cuentas horizontal que enfrentan los mandatarios: a este mecanismo se le ha llamado el ensanchamiento o agrandamiento de Poder Ejecutivo.
Ambos mecanismos están relacionados, por supuesto. Por ejemplo, un avasallamiento del Poder Judicial puede traducirse también en una captura de los tribunales o los árbitros electorales de última instancia. Por otro lado, los ataques a la libertad de prensa o a las organizaciones de la sociedad civil afectan la vigilancia rendición de cuentas social de los gobernantes, pero también pueden debilitar la competitividad de las contiendas electorales.
¿Cuáles son los mecanismos de deterioro democrático más frecuentes en el mundo? Según el reporte el más frecuente es un deterioro en la libertad de expresión, una mayor censura o represión gubernamental a las organizaciones de la sociedad civil, ataques al Poder Judicial, así como un retroceso en la calidad de las elecciones.
En el caso de México, al menos desde la pasada elección federal de 2024 —que produjo una mayoría calificada en el Congreso, aunado a la elección judicial de 2025 con la que se hizo una purga generalizada del Poder Judicial—, los expertos comparativistas ya no discuten tanto si existe o no un retroceso democrático, sino la gravedad o irreversibilidad del mismo.
