Ponderando encuestas
Varias encuestadoras notables en medios masivos no han entregado ni un sólo informe al INE en los últimos seis meses.
Estamos a menos de dos meses y medio de la jornada electoral. ¿Qué fuentes de información tiene el electorado para decidir su voto? Por un lado, está la incesante propaganda gubernamental de las conferencias matutinas. Por otro, la información que ofrecen las candidaturas en sus campañas electorales, los debates o entrevistas o bien en sus propuestas. Por último, está la información y análisis disponibles en medios de comunicación masiva, redes sociales, así como en los círculos sociales de cada uno.
Por desgracia, cada una de estas fuentes de información puede tener sesgos importantes. Si un elector sólo prestara atención a una o dos de estas fuentes es muy probable que sus conclusiones sean igualmente sesgadas. Frente a todas esas fuentes de información posiblemente sesgada, las encuestas ayudan a informar el voto de los electores y las estrategias de los partidos y candidatos.
Hay quienes argumentan que las encuestas pueden afectar las intenciones de voto de las personas porque pueden influir en la percepción sobre las probabilidades de triunfo de una u otra candidatura. Sin embargo, la evidencia sobre estos efectos es limitada: algunas elecciones acaban siendo más reñidas de lo que anticipaban las encuestas —como ocurrió en 2012—, mientras que otras pueden tener márgenes más holgados, como ocurrió en 2018.
Evaluar la calidad de una encuesta no es tarea sencilla: los detalles metodológicos son importantes, ya sea desde el diseño muestral hasta el diseño del cuestionario, o bien la ponderación misma de los resultados. Por ello es recomendable revisar la metodología de cada encuesta.
Por ley, las casas encuestadoras deben entregar al INE el respaldo de los estudios electorales que difunden al público. Cada mes, la Secretaría Ejecutiva del INE presenta un informe de los estudios recibidos durante cierto periodo. Una buena forma de distinguir encuestas serias es verificar si los despachos responsables entregan reportes al INE y, además, verificar si la documentación entregada es adecuada. En el mejor de los casos, los analistas podrían intentar replicar los resultados de cada encuesta.
Según el Sexto informe en materia de encuestas, aprobado en el Consejo General del INE el pasado 27 de febrero, el Sistema de Encuestas Electorales había recibido un total de 542 estudios con fecha de corte del 7 de febrero. Sin embargo, al consultar el repositorio de encuestas para 2023-2024 (disponible en: ine.mx/encuestas-proceso-electoral-2023) resulta que hasta el día de ayer sólo se encuentran disponibles para consulta 351 estudios provenientes de 19 casas encuestadoras.
Un primer problema es que varias encuestadoras notables en medios masivos no han entregado ni un sólo informe al INE en los últimos seis meses. Un segundo problema es que muchos de los estudios reportados al INE, y que se detallan en los informes, aún no están disponibles para consulta en el repositorio. El rezago es importante: encuestas publicadas en enero pasado aún no están disponibles para consulta y escrutinio en el repositorio, lo cual limita la utilidad pública de requerir y compilar toda esta información.
Los informes del INE contienen mucha información valiosa, pero de difícil consulta. Por ejemplo, no es sencillo distinguir entre las encuestas levantadas cara a cara, las telefónicas o vía internet. Por otro lado, tampoco es sencillo hallar un estudio específico en el repositorio.
Ahora bien, entre los estudios disponibles en el repositorio se encuentran encuestas con bases de datos limitadas a unas cuantas variables, lo cual hace difícil verificar su calidad o replicar sus estimaciones. Otros estudios contienen bases de datos más detalladas, pero omiten los ponderadores o factores de expansión de cada observación. Muy pocos estudios contienen información suficiente para replicar o reproducir las estimaciones publicadas. Las encuestas son sumamente valiosas en una democracia. Sin embargo, en un contexto de creciente información falsa o engañosa, deben utilizarse con cautela. El INE puede ayudar a evidenciar las encuestas de mayor o menor calidad.
