LXIV Legislatura

El miércoles 29 de agosto se instalaron las mesas directivas de ambas cámaras del Congreso para conducir los trabajos del primer año de la LXIV Legislatura. Porfirio Muñoz Ledo presidirá la Cámara baja y Martí Batres, el Senado. No es la primera vez que Muñoz Ledo llega al Congreso o preside la Cámara. De hecho, una parte importante de la transición democrática mexicana puede verse a través de la carrera política de Muñoz Ledo

En 1976 fue presidente del PRI, partido al que renunciaría en 1988, y en 1993 presidió el PRD. En 1988 fue senador por el Distrito Federal y fue uno de los primeros legisladores en interpelar a un Presidente durante su informe de gobierno. En 1991 compitió contra Vicente Fox por la gubernatura de Guanajuato. Más tarde, en el año 2000, declinaría su candidatura presidencial en favor del mismo Fox. En 1997, Muñoz Ledo, como diputado del PRD, presidió el primer Congreso sin mayoría absoluta del PRI. Ahora presidirá el primer Congreso de la Unión con una mayoría absoluta de legisladores de izquierda o, si se prefiere, el primer Congreso en el que el PRI no tendrá poder de veto en ninguna Cámara.

Sin lugar a dudas, la conformación de la LXIV Legislatura no se puede explicar sin el abultado triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, el nuevo Congreso también refleja una característica peculiar del sistema electoral mixto mexicano, la sobrerrepresentación, así como otra peculiaridad un poco más reciente: el uso de las coaliciones electorales para dar la vuelta a los límites constitucionales a la sobrerrepresentación. Vayamos por partes.

Nuestro sistema electoral es mixto: cuenta con 300 distritos uninominales o de mayoría relativa y 200 curules más asignadas por representación proporcional. Toda vez que las curules plurinominales se asignan de manera independiente a los triunfos obtenidos por mayoría relativa, nuestro sistema mixto tiene un sesgo mayoritario: la primera fuerza tiende a recibir una mayor proporción de curules que los votos recibidos. Existe, eso sí, un límite a esta sobrerrepresentación: ningún partido puede tener una diferencia de más de ocho puntos entre el porcentaje de curules obtenido y el porcentaje de votos recibido.

Los resultados de la Cámara de Diputados(as) ilustran estos efectos. La coalición Morena-PT-PES obtuvo 43.6% de los votos nacionales para la Cámara. Con esos votos logró conseguir 308 curules, equivalentes a 61.6% de la Cámara: 18 puntos más que su votación. Si la coalición fuera considerada como un solo partido, hubiera enfrentado el tope de sobrerrepresentación y habría recibido menos curules plurinominales. ¿Cómo pudo lograr este resultado la coalición de Morena sin violar la ley? Distribuyendo estratégicamente las 300 candidaturas uninominales entre los tres partidos coaligados: 150 para Morena, 75 para el PT y 75 para el PES. Los resultados hablan por sí mismos: con 3.92% de votos, el PT obtuvo 61 curules o 12.2% de la Cámara. Al no obtener 3% de votos, el PES perderá su registro, pero no perderá los 56 triunfos uninominales que consiguió con la coalición.

La estrategia no es nueva, por supuesto, pero nunca había tenido tanto éxito, por así decirlo. En 2012, por ejemplo, la coalición PRI-PVEM obtuvo 38.1% de votos y, con ellos, alcanzó 48.2% de asientos en la Cámara, una diferencia de diez puntos. Poco después, la bancada de Nueva Alianza se sumaría otorgándole así mayoría absoluta.

Evidentemente, la sobrerrepresentación de unos implica la subrepresentación de otros. La coalición PRI-PVEM-NA obtuvo 23.8% de votos, pero sólo 12.6% de los asientos. A la coalición PAN-PRD-MC no le fue tan mal: consiguió 27.6% de votos y 25.8% de curules. El mayor problema de las coaliciones perdedoras es que difícilmente perdurarán. Los líderes del PVEM han anunciado que se separarán del PRI y los de Movimiento Ciudadano han anunciado lo propio respecto del PAN. Así pasa.

Durante muchos años, los partidos de oposición lamentaron el sesgo de sobrerrepresentación implícito en el sistema electoral. El tope de sobrerrepresentación del 8% proviene del Cofipe de 1996. En 2010, el PRD llegó a sugerir que el Congreso se integrara por representación proporcional en su totalidad. Los partidos han hallado la forma de darle la vuelta a estos límites mediante coaliciones sumamente creativas o flexibles que introducen fuertes componentes “no lineales” en la relación entre votos y asientos. Todo esto está en la ley. ¿Quizá merezca ser revisada?

Profesor-investigador del CIDE

javier.aparicio@cide.edu

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