Democracias en riesgo
¿Está en riesgo la democracia en México y Estados Unidos? El pasado 12 y 13 de mayo se llevó a cabo el Foro MéxicoEstados Unidos, organizado por la Universidad de California en San Diego. Entre los temas discutidos en diferentes paneles de expertos, destacan: el futuro ...
¿Está en riesgo la democracia en México y Estados Unidos? El pasado 12 y 13 de mayo se llevó a cabo el Foro México-Estados Unidos, organizado por la Universidad de California en San Diego. Entre los temas discutidos en diferentes paneles de expertos, destacan: el futuro de la democracia en Estados Unidos, los retos del Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, así como los problemas migratorios y de seguridad en torno a nuestras fronteras.
En esta columna plantearé algunas reflexiones a propósito de las ideas expuestas en el foro, en concreto, si la democracia está en riesgo en ambos países y, en su caso, cuál enfrenta un riesgo mayor en el corto y mediano plazo.
Comencemos con el caso de Estados Unidos. Desde que Trump llegó por segunda vez a la presidencia, se ha intensificado una vez más el debate sobre si está en riesgo o no la democracia en aquel país. No es una discusión nueva toda vez que, desde su primer mandato, muchos politólogos voltearon al resto del mundo para buscar evidencia de cómo se debilitan o desmantelan las democracias, tratando de adivinar si la democracia en Estados Unidos sobreviviría aquel primer embate.
Expertos como Steven Levitsky, entre otros, consideran que el segundo gobierno de Trump es mucho más peligroso que el primero. Puede decirse que en 2016 Trump realmente no esperaba ganar, y como primerizo no contaba con un equipo leal y disciplinado de colaboradores ni con un programa de gobierno propiamente dicho.
Gobernó a partir de ocurrencias poco estratégicas, pero los daños más serios fueron contenidos tanto por su propia bancada en el Congreso, como por el Poder Judicial. Quizás el daño más severo fue cuando Trump desconoció el resultado electoral e intentó revertirlo —algo normal en México, pero inusitado en aquel país—, lo cual desembocó en los fatales eventos del 6 de enero de 2021.
Durante su segundo mandato, el presidente Trump tiene una agenda de gobierno más clara, un equipo leal, un fuerte control del partido republicano y más aliados en la Corte Suprema. Hay quienes dicen que su agenda de gobierno tiene claros rasgos autoritarios y deseos de venganza. Los resultados de sus primeros 100 días de gobierno dan cuenta del daño hecho y del potencial que aún puede inducir en su país y el resto del mundo.
Entre los mecanismos que podrían contener los daños en Estados Unidos se encuentran: su desgaste entre el electorado y la posibilidad de que Trump pierda la mayoría legislativa en 2026. En segundo lugar, el contrapeso del Poder Judicial y los tribunales, incluso a pesar de tener ministros aliados.
En tercer lugar, la posibilidad de que la sociedad organice protestas y manifestaciones masivas y, en el mismo sentido, hay quien enfatiza la libertad prensa. Por último, cabe la posibilidad de que en algún momento el partido republicano decida no respaldar sus propuestas más radicales.
¿Cómo se comparan estos posibles mecanismos de control en México? Propios y extraños reconocen que, en nuestro país, los partidos de oposición están mucho más debilitados que el partido demócrata allá. El contrapeso del Poder Judicial está en cuenta regresiva y éste se debilitará aún más tan pronto como se conozcan los resultados de la elección del 1 de junio.
La capacidad de protesta es más bien limitada aquí: el partido en el gobierno es más popular que el del republicano y, por otro lado, la sociedad está menos organizada aquí. Por último, la posibilidad de que el partido en el gobierno se fragmente es real pero relativamente baja en el corto plazo: hasta ahora ha sido mayor su poder de atracción de políticos oportunistas de diverso signo.
Ahora bien, sea cual fuere el riesgo y el daño potencial, así como la capacidad de resiliencia de la democracia estadunidense, hay una diferencia clara con el caso mexicano: el presidente Trump no podrá cambiar la constitución de su país a su antojo, mientras que, en México, la presidenta Sheinbaum y la coalición gobernante ya han rediseñado la Constitución para reducir aún más los contrapesos y la rendición de cuentas. El riesgo es real e inminente, aunque muchos hagan esfuerzos por minimizarlo o voltear al otro lado.
