2016 y 2017
Hay quienes dicen que el año fundamental de nuestra transición política y económica fue 1994.
A los historiadores les gusta hablar de ciertos años como parteaguas. Por ejemplo, solía decirse que el siglo XX habría concluido en 1989 con la caída del muro de Berlín. Después se nos dijo que, en realidad, esto no ocurriría sino hasta 2008, con la gran recesión mundial. El primer parteaguas referido fue político, el segundo económico.
Si nos fijamos en el escenario nacional, según algunos autores nuestra transición a la democracia comenzó en 1988. Otros habían dicho que en realidad todo comenzó en 1968, mientras que otros más dijeron que ésta no ocurriría sino hasta el año 2000. Vistos desde el aquí y el ahora, sin duda todos ellos fueron años importantes en nuestra historia política.
Pero la política no sucede de manera aislada de la economía o de la sociedad. Hay quienes dicen que el año fundamental de nuestra transición política y económica fue 1994. Unos dirán que la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio fue la clave, otros que fue la rebelión zapatista en Chiapas, otros que fue el asesinato del candidato presidencial del partido en el gobierno.
¿Qué tipo de año fue el 2016? Desde el punto de vista de los países desarrollados quizá dirán que 2016 fue un año parteaguas porque sorpresivamente los ingleses votaron por el Brexit y los estadunidenses hicieron lo propio con Donald Trump. Este año comenzó y terminó con ataques terroristas a lo largo de Europa. ¿2016 se verá a la postre como el año en que inició una oleada populista, nacionalista o aislacionista en aquellos países? Es difícil saberlo aún, pero podría serlo.
¿Qué tipo de año fue el 2016 en México? En el terreno político, éste fue el año en que por primera vez el PRI no gobierna en la mayoría de los estados. En el ámbito legislativo y de políticas públicas, quizá pueda decirse que 2016 fue el año en que la corrupción cobró no sólo primeras planas, sino también el año en que una inusual iniciativa ciudadana se tradujo en un paquete legislativo de un incipiente Sistema Nacional Anticorrupción.
Un pesimista podría añadir que, en realidad, no hay mucho que celebrar. Que la alternancia en los gobiernos estatales no ha dado muchos resultados tangibles a la ciudadanía. Que las primeras planas con escándalos sobre corrupción y el sistema anticorrupción sirven de poco si los gobernadores más corruptos de todos modos logran escapar del país. Que ningún resultado político o legislativo importa si la economía no crece, mientras que la inseguridad y la violencia vienen al alza. A todo esto, un optimista —una voz minoritaria, sospecho— quizá diría que hay que tener paciencia, que el cambio político es lento en toda democracia.
¿Qué tipo de año será 2017? El plano internacional luce nebuloso. Ignoramos qué tipo de gobierno habrá en Estados Unidos, si la Unión Europea seguirá debilitándose, o si Rusia y China seguirán fortaleciendo su poder de negociación frente a las potencias de Occidente.
En México el panorama no luce nada sencillo. La clase política estará sumamente concentrada en lo que pase en las elecciones locales —sobre todo en el Estado de México—. Los analistas, por su parte, estarán concentrados en lo mismo para ajustar sus expectativas y pronósticos sobre el 2018.
Mientras tanto, la devaluación del peso frente al dólar, el anunciado aumento en los precios de los combustibles, los recortes presupuestales y de personal en el sector público afectarán a un gran número de personas que quizá puedan preguntarse por qué los diarios y analistas hablan más sobre política y elecciones que sobre la economía de sus hogares.
