Legisladores: contrapeso o paleros
Para Sebastián Beltrán, que celebra la vida y la conciencia de que el entendimiento también es ...

Ivonne Melgar
Retrovisor
Para Sebastián Beltrán,
que celebra la vida
y la conciencia de que
el entendimiento
también es felicidad.
Acaso porque Andrés Manuel López Obrador no ha experimentado personalmente la adrenalina parlamentaria, en su biografía política hubo escaso aprecio hacia el Congreso cuando fue dirigente del PRD, jefe de Gobierno capitalino y líder opositor.
Se dirá que esos roles no tienen comparación con la Presidencia y que ahora deberá considerar la importancia del Poder Legislativo como espacio de representación de los estados, los partidos y los intereses económicos, como lo hicieron sus cinco antecesores: Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña.
Sin embargo, y ésa es la condición inédita del futuro gobierno, López Obrador consiguió una holgada mayoría legislativa que le permite, de quererlo así, convertir la Cámara de Diputados y el Senado en pistas de refrendo automático a su proyecto.
Israel Tello Ortiz, director de Análisis Legislativo de Integralia Consultores, considera que las 293 iniciativas en diputados y las 150 de los senadores, presentadas en las últimas cinco semanas, se encuentran temáticamente dominadas por las promesas de austeridad y combate a la corrupción, así como por la pretensión de penalizar diversos actos de gobierno y de impulsar la llamada democracia directa (consultas populares, revocación de mandato).
Para Tello Ortiz, nos encontramos ante un cambio de paradigma en el perfil de los parlamentarios al frente de las comisiones legislativas, al pasar de los supuestos cuadros técnicos, conocedores del derecho constitucional y las finanzas, a los activistas sociales.
Un caso significativo es el del presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, el morenista Alfonso Ramírez Cuéllar, quien, para dramatizar todavía más el cambio, utilizó la presencia del secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, este miércoles en San Lázaro, para descalificarlo como el último titular de una época en la que desde el gobierno se le sirvió “a la plutocracia”.
En esa misma comparecencia se puso de manifiesto una tensión entre los morenistas moderados y los radicales, cuando el jefe de la bancada, Mario Delgado, ventiló su desacuerdo con Dolores Padierna, quien faltó deliberadamente a una regla de la cortesía parlamentaria al cerrar el evento con un discurso partidista cuando, como presidenta en ese momento de la sesión, debía representar a todo el pleno.
Parece una minucia, pero encierra un fenómeno que igualmente se advierte en el Senado: la puja entre los liderazgos de Morena proclives al consenso con la oposición representada en políticos profesionales como Miguel Osorio, Josefina Vázquez, Miguel Mancera, Beatriz Paredes, Dante Delgado, Rafael Moreno Valle, Patricia Mercado, Xóchitl Gálvez, entre una larga lista, y aquellos que prefieren el frontal avasallamiento.
Si bien la competencia por el protagonismo es común en las dinámicas parlamentarias, la confronta que se observa entre Martí Batres, presidente del Senado, y Ricardo Monreal, coordinador del grupo morenista, se subraya en tanto son portavoces naturales de las corrientes que, por la vía de los hechos, comienzan a observarse entre los políticos lopezobradoristas.
Esta tensión entre rudos y negociadores resultó crucial en el reparto de las comisiones legislativas, cuando los primeros se quejaron de que los segundos habían asignado al PAN y al PRI espacios de más.
Los nombres de los morenistas Félix Salgado Macedonio en la presidencia de la Comisión de Defensa, quien prometió abrir los cuarteles a la inspección popular, y de Lucía Trasviña, una activista de Baja California Sur, al frente de la Comisión de Seguridad, confirman lo que Integralia avizora: un cambio de perfil que da prioridad a los cuadros de cepa partidista.
Aunque para fines prácticos, esto podría sonar anecdótico, el hecho resulta crucial para un sexenio marcado por la tentación de un presidencialismo sin interlocutores políticos.
Y recaerá en el presidente López Obrador la definición de dejarles a sus legisladores la etiqueta de paleros o los márgenes de acción para conformarse como un contrapeso.
Porque en una sociedad tan plural, con una historia de tres décadas de cultura parlamentaria de contrapeso, el Congreso es la caja de resonancia de los diversos intereses.
Más temprano que tarde, la crisis de seguridad que afrontan diversas zonas del país, las letras chiquitas del nuevo acuerdo con Estados Unidos y Canadá, los vericuetos legales de la austeridad aterrizada en recorte de salarios y las limitaciones presupuestales, entre una larga lista de asignaturas, harán del Poder Legislativo una necesaria y obligada válvula de escape.
Más temprano que tarde, el político que desdeñaba al Congreso sabrá que una cosa es ser oposición y otra construir gobernabilidad y que ésta, en las democracias modernas, pasa inescapablemente por el Congreso.