Resistir a la mentira
La mentira lastima una sociedad. Lo curioso es que se trata de una forma de esconder lo que duele porque está mal o muy mal. Lo que los gobiernos esconden de su propio país como una forma de mantener el poder, pero que disfrazan bajo la premisa de que se trata de “mantener el orden”
La verdad a medias es la más cobarde de las mentiras.
Mark Twain
Vale la pena preguntarse qué es más preocupante: la mentira o que el ser humano se acostumbre a ella, porque en ese caso es dejar de preguntarse, de buscar diferentes puntos de vista; es estar cansado de escuchar mentiras y blindarse con la indiferencia.
La mentira lastima una sociedad. Lo curioso es que se trata de una forma de esconder lo que duele porque está mal o muy mal. Lo que los gobiernos esconden de su propio país como una forma de mantener el poder, pero que disfrazan bajo la premisa de que se trata de “mantener el orden”.
En la dinámica de la mentira tenemos la relación entre el que miente y el que recibe la mentira. En otras columnas, ya he compartido mi postura acerca del que miente: “Mentira tras mentira” (08/01/2024) (https://www.excelsior.com.mx/opinion/ingela-camba-ludlow/mentira-tras-me...). El objetivo ahora es entender un componente en la dinámica de la mentira y del que se deja embaucar. Y esto es muy importante, pues no se trata de creer la mentira, sino que en tiempos de posverdad, ahora existe una nueva diferencia: dejarse mentir. Es tal el exceso de información que el que no quiere ir a buscar en diversas fuentes de información disponibles —por apatía o pereza— es porque ha elegido, de una u otra forma, que no le importa dejarse mentir.
El dejarse mentir es un mecanismo de defensa contra el dolor que genera la realidad. La negación es uno de los mecanismos de defensa más arcaicos de la mente. Aquello que no le gusta al yo busca negarlo, hacer como que no existe. ¿Por qué alguien se deja engañar? Porque quiere, porque parece necesitarlo, porque la realidad es contraria a lo que desearía que fuese. En nuestra sociedad es tan doloroso lo que pasa en términos de salud, seguridad, gobernabilidad, corrupción, etcétera, que la mayoría prefiere no saber, prefiere “descansar” de tanta realidad. De tal forma que lo mejor es mejor no pelear por la verdad. Y como dice el refrán popular: “Lo irónico de las mentiras es que quieres descubrir una y acabas descubriéndolas todas”, por tanto, mejor no saber nada de nada.
Por otro lado, existe una dinámica de suavizar la verdad de la que se abusa en momentos de la posverdad: el eufemismo.
La RAE lo define como la manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. Si bien el eufemismo podría recuperar el decoro en la comunicación de algo grave, ha pasado a una práctica de disimulo cercana al engaño. Un caso reciente es el desabasto de gasolina que ocurre en ciertas partes de la República Mexicana. La realidad es que hay desabasto, pero el gobierno dice que lo que sucede es que no está llegando gasolina a las gasolinerías. En realidad, este manejo lo que busca es evitar la palabra desabasto, que traería a una crisis y, además, aumentaría el malestar ya generalizado de la sociedad. Como describe el lingüista T. A. van Dijk en el libro Discurso y poder: “El control del discurso incluye el control de los significados, de las formas de llamar a las cosas. Así, se usan eufemismos o términos técnicos que mitigan la gravedad de un problema y orientan la manera en que la sociedad lo percibe” (2009). En este sentido, el cambio de palabras desplaza la atención sobre la distribución vs. a una carencia absoluta. Otro ejemplo es el supuesto éxito de la elección judicial. El porcentaje de participación del 13% fue muy bajo e incluso, dudoso; llamarlo éxito lo que en otros países sería llamado como abstencionismo masivo es un intento burdo de propaganda.
Parte de la dinámica que normaliza la mentira es la abundancia con la que se pronuncia, es masiva y numerosa, baste sólo como muestra los ejemplos citados, puesto que no es tarea de este artículo exponer estas prácticas, que ya han recopilado anteriormente analistas políticos.
Esta ocultación de la dimensión real de los problemas que atraviesa el país es una práctica común, y aunque un eufemismo no siempre es mentira, puede funcionar como mentira. Como afirma el psicólogo y lingüista Steven Pinker en The Stuff of Thought: “Los eufemismos son herramientas para manipular la respuesta emocional del oyente. En vez de reconocer la realidad de manera directa, crean una ilusión lingüística que enmascara la gravedad de los hechos” (2007); es decir, un eufemismo busca generar una percepción falsa de manera intencional. De esta forma, si la mentira cumple la intención de ocultar la verdad, podemos pensar que la falta de transparencia es ahora un eufemismo de mentir.
No son tiempos fáciles, son muy complejos. El trabajo para cada uno será cómo mantenerse honesto en tiempos de eufemismos y mentiras, y —sobre todo— resistirse a dejarse mentir.
