Mentira tras mentira
En una apología de la mentira algunos pueden intentar argüir que a veces el mentiroso no sabe que está mintiendo, no considera una mentira lo que estaba diciendo
¿Conoces a alguien que mienta sin parar? ¿Una y otra vez? ¿Por qué nos deben preocupar las mentiras que propagan los medios y las redes en la actualidad? La situación actual del país y del mundo nos obliga a detenernos a pensar qué puede haber detrás.
La caja de Pandora, esa trampa que Zeus le tendió a Prometeo, contenía todos los males de la humanidad, entre ellos el espíritu de Apate (el engaño, dolo o fraude) y el de Dolos (espíritu que personificaba los ardides y las malas artes). La mentira y el engaño son grandes males que persiguen a los hombres desde el principio de la sociedad. No por esto se deben “normalizar”; es decir, aceptar con resignación, sino al contrario, deben ser denunciados hasta el cansancio, para que el dolo ni la mentira se conviertan en la dinámica en la que los seres humanos hablamos e interactuamos. Fueron males, aún lo son y lo serán.
Guy Durandin, sociólogo francés, en su texto La mentira en la propaganda política y en la publicidad reflexiona acerca de cómo “la mentira es una manipulación de signos (no de fuerzas) que pretende siempre situar al destinatario en inferioridad con respecto a quién miente”. Nos señala que, en primer lugar, la dialéctica de la mentira implica una maniobra para someter al otro a un nivel de inferioridad, y no sólo eso, añade: “La ventaja de la mentira en relación con el ataque directo está en que, por hipótesis, el interlocutor no sabe que se le está atacando”. Cada mentira es un ataque al otro y, por supuesto, tiene consecuencias. Entre algunas implicaciones de la mentira destacan: 1) la falta de cuidado hacia el otro (no es cuidar al otro, se está cuidando uno mismo), 2) considerar al otro un instrumento para acceder a algo, lo cual le resta dignidad pues deja de ser un sujeto para ser sólo un medio, un objeto y 3) desata miedo, se miente para esconder algo de la realidad que duele, incomoda o que perjudica a la persona que profiere la mentira.
La mentira es la perversión de la palabra y del lazo que nos une como humanos. En una apología de la mentira algunos pueden intentar argüir que a veces el mentiroso no sabe que está mintiendo, no considera una mentira lo que estaba diciendo. El problema del que cree saberlo todo es que miente por principio, porque es imposible saberlo todo. Cuando se puede reconocer con humildad que no se sabe todo (cuestión que muchas veces no sucede), entonces no se habla irresponsablemente de ese todo. Este es un rasgo que permanece en lo que se llaman las personalidades narcisistas e infantiles.
Por otro lado, las personas que no mienten tienen mucha dificultad en darse cuenta y convencerse que son mentidos por alguien más, puesto que no se trata sólo de una escala de valores (decir o no la verdad), sino de algo en la estructura mental que le impide mentir. No todo mundo puede mentir, así como no todo mundo miente compulsivamente.
En la tendencia del populismo, la mentira es la herramienta clave. No importa si lo que se dice es verdadero o falso, lo importante es decir aquello que pueda ayudar a obtener o mantener el poder. En el sistema populista hay un desprecio por la verdad como lo hay por la libertad. En el medio electrónico Lampadia.com, el analista peruano José Antonio Olivares escribe: “Los populistas hablan siempre de colectivos, nunca de personas. Hablan de la ciudadanía, del pueblo, de la gente, de la casta, pero nunca se refieren a la persona como individuo, como átomo de la sociedad y único sujeto de derechos. Y ese desprecio por la libertad individual conduce a la idolatría del Estado”.
Hay un tema social, pero también hay un tema personal. No todas las personas que forman parte de un complejo populista soportan la abundancia de las mentiras que requieren para mantenerse en el discurso del poder. Si bien, en algún momento la ingenuidad o el oportunismo las llevó a tomar un lugar, hubo un momento en que no lo soportaron más y abandonaron el barco. Y es que guardan, por así decirlo, cierto grado de salud mental. No pudieron disociarse más entre el decir y el hacer. Hacerlo las hubiera llevado a enfermar. Por el contrario, las que permanecen, sostienen las mentiras, las proliferan, representan el narcisismo máximo posible. Sólo importa lo que les concierne a ellos, no importa lo que eso pueda significar para los demás, eligen no ver el daño que ocasionan sus actos y minimizan las consecuencias. Son incapaces de conectar con otros. Éste el principio de la sociopatía. La sociopatía es un trastorno de la personalidad antisocial, en la cual una persona no distingue lo bueno de lo malo, pienso que no sólo no distingue, sino que no le importa e ignora los derechos y los sentimientos de los demás.
¿Conoces a alguien así?
