“Ya no quiero ver más noticias”

Es muy común escuchar “ya no quiero ver más noticias”, como si las personas entraran en un régimen de higiene mental en el que cuidan lo que introducen en su psiquis. Como si las noticias fueran fuente de ansiedad y confusión. Lo contrario a esta negativa es levantarse por la mañana y mirar (y/o escuchar) las noticias para estar informado; sin embargo, tampoco es que se quiera realmente ver lo que sucede. No se espera algo diferente, pero no puede dejar de mirarse. Es una sensación de urgencia de tener que estar atento a todo, porque, además, cada dato será nuevamente desmentido o cambiado por el anterior. La búsqueda por una realidad que parece no aterrizarse en una guerra continua de propaganda; así que el “ya no quiero ver más noticias” parece una reacción absolutamente natural para dejar ese estado de alerta que puede ser casi insoportable.

 El cuerpo está encargado de leer, de manera constante, las señales que le envía el exterior para poder subsistir. Lo fuerte es que el bombardeo constante no permite ni siquiera que las señales se acomoden. Y, así, una de las respuestas más comunes es la apatía total, como si el cuerpo no pudiese con más señales de alerta; entonces se adormecen los estímulos y nos cubrimos con una especie de corteza protectora para no sentir, no ver e intentar seguir de manera humilde o maniática las labores de cada día. Por supuesto, estas reacciones exasperan a los que se preguntan por qué la gente no hace caso, no pone atención, no se queja, no protesta ante el estado actual de las cosas.   

Y es que este bombardeo extremo que “estresa” al cuerpo es una mezcla muy compleja de una sobreactivación de tres emociones fundamentales que menciona el psicólogo experto en neurociencia Jaak Panksepp. De acuerdo con este autor estadunidense de origen estonio, existen siete emociones fundamentales. Se escriben en mayúscula y en inglés para diferenciarlas del uso común de estas palabras y son SEEKING, FEAR, RAGE, LUST, CARE, PANIC/GRIEF y PLAY. Estas emociones son circuitos que se activan en el cerebro de acuerdo con la información que reciben del exterior (en este caso, las noticias, redes sociales, conversaciones, etcétera) y que vienen “cableados” desde nacimiento, no es que en su origen partan de la experiencia individual. 

En momentos de estrés se sobreactivan los sistemas FEAR, RAGE y PANIC/GRIEF. Cuando el sistema FEAR detecta amenaza, activa la sensación de huida, genera ansiedad y produce estados de hipervigilancia; en este caso, surgen gran cantidad de teorías posibles para explicar lo que sucede (teorías conspiranóicas) y queda una especie de angustia-señal con un presentimiento constante de que “algo malo va a pasar”. El sistema RAGE se activa ante la frustración o un bloqueo de hacer algo; por ejemplo, ante la terrible impotencia de los acontecimientos que suceden en el mundo o un país, deja entonces una irritabilidad permanente, no necesariamente genera un conflicto con el afuera, pero en el anterior hay un enojo contenido que se va transformando en algo parecido a la ira, que en lo social podría parecer cinismo, éste es el estrés por la impotencia. Por último, el sistema PANIC/GRIEF, que se relaciona con la angustia de separación, se activa por esa sensación de pérdida de una seguridad que algún día se tuvo, se genera mayor aislamiento al no poder hablarlo, pues ya no quiere hablar más de problemas del mundo; entonces, la persona se vuelca hacia las redes que, parecen, son las únicas dispuestas a hablar (aunque sobre todo potencian el tema). La activación de este sistema genera una tristeza profunda, algo parecido a la desesperanza; un vacío y una ansiedad relacional.

Se puede entender quizá la necesidad de mantener a raya a toda costa los estímulos que generan esta ansiedad, impotencia o dolor. Pero no mirar no resuelve el problema, sólo lo desplaza. Lo que está en juego no es la información, sino el estado psíquico que exige una alerta sin pausa, sin resolución y, sobre todo, sin una acción que ayude a transformar el medio que está generando esta hecatombe emocional. Y únicamente queda un cansancio generalizado que parece no irse nunca, y que no se irá. La mezcla de estos tres sistemas activados genera apatía, falta de búsqueda de respuestas y se instala en una supervivencia plana.

La mezcla de los acontecimientos del entorno, la guerra, la corrupción, los desfalcos, la victimización de la población por parte del Estado, la posverdad, la propaganda a largo plazo no los tenemos muy claros aún. A corto plazo, la desconexión y la apatía son la primera fase. Sin embargo, podríamos empezar también con cuadros depresivos y sociedades narcisistas que pueden llevarnos a sentir un mundo muy apagado. ¿Qué mundo nos espera si la apatía y el desinterés ganan la partida?