La empatía, desde su luz y desde su sombra

Mediante la imaginación nos ponemos en su situación, […] y nos convertimos, en cierta medida, en la misma persona que él. Adam Smith Estar ...

                Mediante la imaginación nos ponemos en su situación,

                […] y nos convertimos, en cierta medida,

                en la misma persona que él.

                Adam Smith

Estar conectado exige un esfuerzo constante, uno no se conecta de una vez por todas y para siempre. En el ejercicio de realmente estar conectado, no sólo informado, existe un talento, una habilidad o un don que llamamos empatía. En lo más profundo, la empatía es la posibilidad de dejar de pensar y preocuparse del sí mismo para que el otro pueda entrar en nuestra mente. Estar conectados requiere que el otro entre en nuestra vida, no únicamente verlo pasar al otro. La empatía podría ser la característica misma de la humanidad.

Mucho se ha escuchado sobre este concepto últimamente, pero se trata de una idea que podemos encontrar desde 1759 desarrollada por Adam Smith, aunque él la llamaba sympathy. En su libro La teoría de los sentimientos morales escribe: “Por egoísta que se considere al hombre, existen evidentemente principios en su naturaleza que lo interesan por la fortuna ajena y hacen que su felicidad le sea necesaria, aunque no obtenga de ella nada más que el placer de verla…”. Más adelante, en este mismo texto, elabora el ejercicio de la empatía: “Como no tenemos una experiencia inmediata de lo que sienten los demás, no podemos formarnos una idea de cómo les afecta, a menos que imaginemos lo que sentiríamos nosotros mismos en una situación similar… entramos, por así decirlo, en su cuerpo y nos convertimos en cierta medida en su misma persona, y desde allí nos formamos una idea de sus sensaciones, e incluso sentimos algo que, aunque más débil, no es del todo diferente”. El término empathy se introdujo al idioma inglés por primera vez para traducir el concepto einfühlung (sentirse-dentro), creado por el alemán R. Vischer, aunque empatía (empathy) proviene del griego empátheia.

La neurociencia afectiva muestra que estar conectado también es parte de la constitución de los mamíferos. Jaak Panksepp propone la empatía como un posible a partir de dos sistemas emocionales básicos CARE y PANIC/GRIEF (la nomenclatura permanece en inglés y mayúsculas, para distinguirlos como sistemas emocionales, vs. el uso común de la palabra). El ser humano, pues, tiene de entrada la posibilidad de cuidar, percibir y conectar con el dolor y la angustia de separación de otros, lo cual le permite vislumbrar, desde el cuidado y desde el dolor, lo que el otro puede vivir.

Existe, sin embargo, un lado muy oscuro cuando se trata más bien de abusar del otro a partir de su empatía. Cuando la capacidad de entender al otro y anticipar sus acciones se encuentra dentro de una estructura perversa, como la sociopatía, puede ser terriblemente destructiva; ¿a qué me refiero? Es cuando el conocimiento de lo que mueve al otro se vive desde un plano cognitivo sin un anclaje en lo afectivo, lo cual lo lleva a utilizar este conocimiento para lograr sus fines sádicos y crueles, sobre todo, profundamente individuales. Por ejemplo, en la película Green Mile sobre el terrible asesinato de dos niñas pequeñas, se pronuncia una frase aterradora: “He killed them with their love. With their love for each other” (“Las mató con su amor, con el amor que se tenían la una a la otra”); esto es utilizar la empatía contra la propia bondad.

En este mundo es necesario cuidarse de ser víctima. Cuando la empatía no se cuida a sí misma, podríamos encontrar lo que se ha dado por llamar “suicidal empathy” que, sin ser un término académico, se utiliza para destruir lo que puede haber de bueno en la empatía, comenzando por la persona que la ejerce. Y es que la empatía mal calibrada y sin freno puede transformarse en una renuncia a la responsabilidad ética con uno mismo o con un grupo.

Así, la empatía tiene una sombra. Mucho de la desvirtuación de los movimientos woke, como la cultura de la cancelación, ha sido por una “empatía” mal entendida, por una pasión mal colocada, se privilegió la empatía desde lo afectivo y se abandonó la empatía para quienes piensan diferente. De esta forma, se transforma en una pseudo empatía en la que me conecto únicamente con aquel con quien me identifico en sufrimiento. Como consecuencia, se pueden liberar criminales pensando empáticamente en su sufrimiento, pero se deja fuera a las víctimas. Éste es el caso de Decarlos Brown, quien asesinó a Irina Zarutska en un autobús en Estados Unidos y fue arrestado 14 veces y liberado otras 14 ocasiones. Como si la empatía a las causas fuese más importante que el reconocimiento de una ley que proviene el abuso entre individuos de una comunidad. Esta manera de ejercer la empatía puede ir acabando con los lazos de una comunidad, con la confianza en la ley, ya que genera desconexión, miedo y autorizar la acción de tomar la justicia por la propia mano, que termina rompiendo el pacto social de ley y ciudadanos.

La empatía que como premisa es el puente que conecta de manera genuina a los individuos puede tener un doble filo y acabar con la solidaridad misma. Es necesario educar la empatía para desarrollarla y también para cuidarla.

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