El agua es bendita
El agua es ese bien que siempre está tan cerca que la posibilidad de su permanencia nunca parece estar en juego; sucede un poco como con el amor, que lo damos por sentadohasta que un día ya no está. El agua es fuente de inspiración, así lo han reiterado poetasque han descrito y resaltado su poesía, ¡qué mejor homenaje!
El 22 de marzo se celebra el Día Internacional del Agua. ¿Cuándo nos daremos cuenta de su belleza?
Creo innecesario que alguien debe ser convencido de la importancia del agua en nuestras vidas y, sin embargo, es necesario hablarlo, porque se olvida, se da por contado; por lo tanto, no se cuida. El agua es ese bien que siempre está tan cerca que la posibilidad de su permanencia nunca parece estar en juego; sucede un poco como con el amor, que lo damos por sentado hasta que un día ya no está. El agua es fuente de inspiración, así lo han reiterado poetas que han descrito y resaltado su poesía, ¡qué mejor homenaje! Una de esas voces que homenajea al agua como un contenedor en el que la vida fluye es Pedro Salinas:
¡Qué contenta estará el agua/mañana, cuando despierte/ y se encuentre con su cauce,/ los dos brazos que la llevan/ estrechada a su destino,/ entre orillas que se alegran!/ ¡Qué feliz será la luz,/ mañana,/ cuando se encuentre a los ojos,/ que la apresan, y la emplean,/ y sirve ya para ver!/ ¡Qué perfecto será el pájaro/ cuando se encuentren sus alas,/ y su cuerpo y los albores/ del día, indeciso aún,/ con un pío, con un cántico,/ en la garganta dormido,/ que dé voz a la mañana!
Hay en estos versos alegría y vitalidad, ésas que los seres humanos damos por descontado su existencia. Siempre estará ahí, pero esta certeza es la que provocó que dejáramos de cuidarla. Con la diferencia de que el consumo no es el de un pájaro o un bisonte, sino el de millones de metros cúbicos por segundo para el consumo humano y también para la industria.
Desde el punto de vista atómico, el agua no tendría que ser lo que es, un líquido, sino debería ser un gas. Y entonces opera la magia de la química: las fuerzas residuales de la unión hidrógeno y oxígeno le permiten “conectarse” con otros átomos de oxígeno e hidrogeno contenidos en otras moléculas de agua, esto genera suficiente atracción para que no se separen y se vuelen en el aire. Las mantiene unidas no por un enlace químico, sino por un efecto intermolecular, lo cual genera el extraño y extraordinario efecto de que no puedan escaparse una molécula de la otra a pesar de tener agua en una molécula tan ligera. Sí, el agua es un milagro. No es el caso del petróleo, que es un líquido muy pesado, que jamás podría volar a menos que tuviera la acción del calor o una acción física. Ahí radica otro de sus encantamientos. Es una curiosidad de la química, casi magia, la que permite que el agua sea ese extrañísimo elemento que sí se pega a sí misma. Con metáfora incluida.
Así, el agua en su forma pura es un invitado a la química de la naturaleza que podría ni siquiera existir y, sin embargo, es la base de todo aquello que nos permite vivir. Quienes crecimos viendo los reportajes de las naves especiales que aterrizaban en planetas, sabíamos que para poder encontrar vida lo primero que se buscaba era la existencia de agua, pero no en cualquier forma, claro que no, se requería el agua en estado líquido. Los ríos de hielo subterráneos de Marte no le han valido de nada. Es en su forma líquida que es benéfica. Aunque no toda el agua líquida nos permite vivir. No contamos con el agua salada para vivir, sólo con esa llamada “agua dulce”. Así que nuestras posibilidades, a pesar de que la Tierra está cubierta por tres cuartas partes de agua, están muy reducidas. Claro, en la poesía, el mar, el lago y el río son indistintos, la mirada está puesta en la estética de su oleaje, como parte de su movimiento o de su sonido o de su correr. Para Gabriela Mistral es la diferencia entre una vida pasada y una nueva. La señal que distingue el cambio de terreno:
Hay países que yo recuerdo/como recuerdo mis infancias/son países de mar o río, de pastales, de vegas y aguas/ aldea mía sobre el Ródano/ rendida en río y en cigarras/ Antillas en palmas verdi-negras/ que a medio mar está y me llama/ ¡roca lígure de Portofino/mar italiana / mar italiana.
Los siguientes versos estremecen por su cercanía a la realidad actual: Me han traído al país sin río/tierras-Agar, tierras sin agua/ (…) nos dan idea de una aridez preocupante, y quizá angustiante, porque no se trata de un cambio de paisaje por mudarnos a algún lugar, sino de la realidad de las secas presas, los bosques que se secan, los lagos que se vacían, los ecosistemas de fauna animal que se mueren.
Al igual que a Mistral, algo nos está pasando. El agua ya no está donde estaba, los lagos y ríos se han ido secando, las presas, vaciando, sin que nos diéramos cuenta, sin que nadie lo notara. Sin señales de alarma, y todos ciudadanos malacostumbrados a que siempre existía, aun en pipas y tambos, nunca recapacitamos en ello. Esta inconsciencia no es de días o sexenios, es de décadas, como si ningún gobierno hubiera pensado que el futuro llegaría. Nadie hizo los cálculos a tiempo. Nadie lo vio venir. Nadie la vio evaporándose.
