La violencia nos está ganando, nos está comiendo, como sociedad, como personas… Y qué es violencia, muchos aún lo preguntan, la violencia es el uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo, es la superioridad del fuerte con el débil, y es muy fácil caer en ella, por enojo, frustración o encierro y ya hasta pareciera ser normal, en la casa, en la calle, en los centros educativos, en el trabajo, aquí algunos ejemplos:
Violencia intrafamiliar. Algunos la han padecido desde niños, la han vivido por maltrato y no lo confundamos con medidas correctivas como la castigada ley de “la chancla”, porque, incluso reconocidas por expertos son medidas necesarias para que los niños y jóvenes conozcan el respeto y las consecuencias de sus actos. Aquí nos referimos al maltrato sin sentido dentro del hogar, de una pareja a otra, a los adultos mayores, discapacitados, niños y adolescentes sólo por el hecho de agredir, tanto física como mentalmente o también ser testigo de peleas familiares, golpes, descalificaciones, humillaciones, conductas que se van volviendo normales en las familias como un efecto domino.
Violencia escolar o bullying. Consecuencia de la violencia familiar es la violencia escolar o el tristemente famoso bullying, ya que los niños maltratados suelen replicar lo que ven en casa, llevándolo a su vida cotidiana con familiares, compañeros y amigos, horrorizándonos recientemente con varios casos en centros escolares desde nivel primaria, con jovencitos y jovencitas agrediendo sin control, sin un ápice de tolerancia y vigilancia.
Violencia urbana. En nuestros días, somos testigos de cómo las personas pierden los estribos y se vuelven violentas en segundos en sitios públicos o conduciendo por ganar unos metros o un lugar para estacionarse, situaciones en las que cualquiera se baja de su auto a golpear a quien sea, mujer, adulto mayor, joven, sin medir las consecuencias de su ira, sin ningún miramiento, como el sonado caso de un actor mexicano en Estados Unidos.
Violencia de odio. El feminicidio es una violencia de odio, matar a mujeres solo por el hecho de serlo, mayormente por varones que ejercen el machismo y la misoginia desde niños, por un absurdo odio que termina en violaciones, vejaciones y asesinatos, con índices alarmantes en todo el mundo. También, en esta categoría están los crímenes de odio, por raza o género, provocado hasta por “modas” en redes sociales, que llevan a niños y jóvenes a matar sin motivo a compañeros, amigos o familiares, como las aterradoras matanzas de los últimos años.
Los expertos afirman que los seres humanos que no conocen el afecto físico y emocional y en cambio se desarrollan entre gritos, golpes e insultos como algo “normal”, se convertirán, sin duda, en adultos violentos y sin remordimientos, generando esta larga cadena de violencia.
¿Qué podemos hacer como sociedad? Quizás la palabra mágica sea el respeto, y eso lo tenemos todos a nuestro alcance, quien aprende a respetar no admite ni fomenta la violencia. El respeto enseña a no querer cambiar a nadie, a aceptar a las personas como son, con sus defectos y preferencias. Por ello, la violencia no debería regir nuestras vidas y podríamos cambiar que nuestros niños y jóvenes se acostumbren a mirarla como algo normal, aprendiendo nosotros mismos a respetar y controlar nuestra ira, también como es nuestros derecho exigiendo a los gobiernos que ejerzan la ley. La humanidad está enojada, pero no todo está perdido, empecemos por cambiar nuestra propia actitud.
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