Videojuegos para todos
Cuando no hay límites sí pueden volverse adictivos, al grado de aislar socialmente a niños y adolescentes.
Por Camila Ortiz
Recuerdo vívidamente cuando mis hermanos mayores y yo nos escapábamos a la farmacia de la esquina para jugar con las maquinitas, básicamente videojuegos como Pac-Man, Asteroides, Defenders y otros tres o cuatro de la época, allá por finales de la década de los 80.
Nos divertimos demasiado con retas entre nosotros, también lo hacíamos con otros niños y niñas, incluso, conservamos algunas amistades de ese entonces.
Las cosas no han cambiado mucho, bueno, salvo los adelantos tecnológicos, pero la esencia es la misma. Ahora niños y adolescentes tienen una amplísima variedad de videojuegos en consolas y online, pero si se les deja solos, seguro pasarán horas y horas frente a las pantallas.
Soy madre de una niña y dos adolescentes fanáticos, más no adictos, de los videojuegos. Como todo en la vida, deben ponerse límites y en casa las horas para jugar están controladas, no porque creamos que pueda afectar su desarrollo o se vayan a volver personas violentas en un futuro no lejano. Nada que ver con eso. Y lo sé por experiencia propia, pues como lo mencioné líneas arriba, me gustaba pasar un buen rato en las chispas. Eso sí, fui muy disciplinada, al igual que mis hermanos, primero hacíamos la tarea, luego todo demás. Yo salía a jugar con mis amigas o andar en bici en el parque cerca de la casa de mis padres, cosas que ahora los chicos no pueden hacer con plena libertad por cuestiones de inseguridad y es en verdad muy triste, porque mis hijos no pueden divertirse como lo hacíamos tiempo atrás.
Así que, por disciplina hay horarios establecidos para cumplir con los compromisos, como hacer la tarea y ayudar en los quehaceres de la casa; horarios para la diversión, convivir con los amigos, natación y karate, además de ir al cine, visitar alguna exposición, ir a algún concierto o salir de día de campo, que en familia disfrutamos mucho cada fin de semana.
Frente a los videojuegos los padres de familia no podemos ni debemos oponernos, al contrario, hay que apoyarlos, porque no son el diablo ni tampoco son exclusivos para los niños, a las niñas también les gustan. Además, tienen su lado positivo para el aprendizaje, el desarrollo de habilidades cognitivas, en la resolución de problemas y ayuda a mejorar la coordinación motriz y visual. Hay videojuegos que requieren movimiento, como brincar o bailar.
Cuando no hay límites sí pueden volverse adictivos, al grado de aislar socialmente a niños y adolescentes. Jamás deberán reemplazar el ejercicio ni tampoco permitir que estén despiertos hasta tarde, pues interfiere con el descanso.
Los niños y adolescentes requieren dormir entre ocho y 10 horas en beneficio de su rendimiento escolar y salud física, mental y emocional. Es así que, los pediatras recomiendan que absolutamente todas las pantallas, como televisores, computadoras, tablets y smartphones se apaguen media hora antes de dormir, por eso, estos aparatos deben quedar afuera de las recámaras. En eso sí hay que ser exigentes y no claudicar ante la mirada de borreguito que puedan poner nuestros hijos.
En la pandemia de covid-19, sobre todo en lo más difícil que fue el encierro, se redujeron de manera muy significativa las actividades al aire libre y la convivencia directa, por lo cual los videojuegos, sobre todo online, fueron una especie de salvación, por lo menos para mis hijos, pues pudieron jugar con sus amigos a distancia, eso ayudó que no perdieran, de alguna manera, la socialización. Y mi hija es una buenaza en Minecraft y Fortnite.
