Una canasta… no tan básica

Canasta básica, para la subsistencia de una familia.

Por Gabriela Rodríguez

¡Indignante! Cincuenta y dos millones de mexicanos no pueden acceder a la canasta básica. Léase bien, básica.

Hablamos de huevo, arroz, frijoles, leche, carne de cerdo, chile, tortillas entre otros productos representativos. La canasta básica se compone de productos y servicios considerados esenciales para la subsistencia y bienestar de los miembros de una familia; se refiere a un grupo de productos que deben aportar los requerimientos mínimos para la nutrición esencial de una persona. Yo te pregunto, cuando lees mínimo, esencial y básica ¿Te imaginas que 41% de los mexicanos no puedan comprarla? Impensable, ¿cierto?, pero nada más dramático que la realidad.

El salario mínimo en México en 2023 es de $6,223.20 pesos mensuales y la canasta básica oscila entre $1,644 y $2,144 pesos mensuales por persona. Quiere decir que, en un hogar promedio de cuatro integrantes, 1.5 personas tienen que trabajar sólo para cubrir las necesidades básicas de alimentación e higiene. Esta realidad tiene repercusiones mucho más allá de la nutrición, es el punto de partida de una estrepitosa cuesta abajo de una sociedad no sólo malnutrida, sino afectada física y psicológicamente, además del desarrollo integral de todo un país.

Entre las muchas repercusiones que tiene esta realidad, comencemos por darnos cuenta de que contamos con una población mayormente malnutrida y una niñez obesa con un pobre desarrollo intelectual. Continuemos con miles de hogares y familias no cuentan con una opción real para salir de la pobreza, padres con dos o tres trabajos, niños en casa sin supervisión, miles de hogares monoparentales, niños que crecen en la calle, violencia física y psicológica y hogares pequeños en un país con poco espacio público. Los estragos de una mala nutrición no se borran en un periodo gubernamental ni se recuperan en unos años; los estragos físicos e intelectuales duran toda una vida y comienzan con una madre malnutrida durante el embarazo.

Existen muchos estudios con relación a la niñez y sus primeros años de vida, pero uno que realmente me impresionó demostró que a la edad de siete años es casi imposible que un niño crecido en un hogar de clase media pueda ser alcanzado en desarrollo intelectual, físico y social por un niño que ha crecido en pobreza. Siete años pueden marcar toda una vida.

Ahora acompañemos a estos niños hasta la adultez e imaginemos la calidad de estudiantes, profesionales y técnicos que un país malnutrido genera. Entre los países que ocupan los primeros lugares con población con mayor cociente intelectual encontramos a Hong Kong, Japón, Singapur, Finlandia y Canadá, donde la población promedio presenta un indicador de 106. México tiene un promedio de 87 y el cambio comienza por una madre bien nutrida y un hogar donde la canasta básica no sea un lujo.

Dejemos muy claro que el tema no se resume a cuánto quiere el señor presidente que cueste la canasta básica. Se resume a qué medidas va a tomar para que esos 52 millones de mexicanos puedan acceder con su salario a la canasta básica. Y ese sería sólo el comienzo, porque nadie debería trabajar sólo para acceder a una canasta básica. El trabajo es dignificante, desarrollador de habilidades, potencializador y motor de un país. Uno debería poder comprar los alimentos sin hacer cuentas, vacacionar sin tener que endeudarse y acceder a medicina de calidad sin tener que hipotecar su casa.

Si el señor presidente sólo se enfoca en bajar el costo de la canasta básica, significa que una vez más, no está entendiendo el verdadero problema nuestra desnutrida y pobre realidad.

gabrielalorena@prodigy.net.mx

Temas: