Un Pancho de alto vuelo

Fue taxidermista y un gran artista con las manos, aves que parecían estar vivas y productos artesanales que creaba con gran entusiasmo.

Por Mónica Silva *

Esta vez no escribo sobre una mujer o sobre mujeres y turismo sustentable en sí, les platicaré sobre un gran hombre coahuilense, Francisco Cancino de la Fuente.

Hace unos días, yo estaba desayunando bajo el nogal, en la casa del rancho, y tomaba video a un pájaro carpintero y a un colibrí que andaban haciendo lo suyo a mi alrededor, cuando recibí un mensaje de WhatsApp de don Pancho, mi sorpresa fue que no era él, era su hijo avisándome sobre el deceso de su padre. Qué tristeza.

Di el pésame e, inmediatamente, recordé el tiempo que colaboramos juntos en el Museo de las Aves de México, en Saltillo. Espacio que dejé en 2002 o 2003, él hace unos seis años.

El lugar que aloja este museo fue hace más de 145 años el Colegio de San Juan Nepomuceno, teniendo de 1878 a 1914 más de dos mil alumnos de Chihuahua, Sinaloa, Sonora, Durango, Nuevo León, Tamaulipas, Zacatecas y San Luis Potosí. Casi, casi los mismos lugares de procedencia de los visitantes que ha tenido este museo en 30 años

Fíjense, para 1898, el colegio ya contaba con biblioteca, laboratorios, aulas, salas de música, dormitorios, cocina, comedor, huerta, establo, rastro, salón de actos, planta de luz, imprenta, panadería, carpintería, taller de reparación de calzado, sastrería, enfermería, canchas deportivas (beisbol y frontón), alberca, jardines, panteón particular y un observatorio astronómico que llegó a ser el primero y único en todo el país. Gracias a él, el presidente Porfirio Díaz enviaba sus reportes anuales sobre velocidad y dirección de los vientos, lluvia, temperatura, presión atmosférica, humedad relativa, nubes y fenómenos naturales.

Durante los 36 años del colegio, los estudiantes vivían en lo que desde hace 30 años es el Museo de las Aves de México, espacio en el que por muchos años, don Pancho fue el taxidermista. Cuando colaboré ahí, en el área científica, comíamos juntos en su laboratorio, siempre se me antojaba la comida que le preparaba su esposa —el mole con arroz—, me enseñó cómo disecaba, pero no a disecar; me platicaba de todo lo que descubría en el campo: fósiles, dinosaurios completitos (decía él), pinturas rupestres, artefactos antiquísimos, más no me dijo la ubicación exacta. Él creía que era mejor que se quedaran en esos lugares a que alguien fuera a sustraerlos y llevárselos, en vez de exhibirlos en un recinto científico o cultural.

Disfrutaba siempre de su compañía y de sus historias. Una vez lo acompañé a una colecta de campo, que por cierto nunca encontramos el pato al que le dispararon.

Luego de que ambos dejáramos laboralmente el museo, junto con su esposa, nos veíamos al menos una vez al año, me invitaba a comer a su casa o ellos iban a la de mi familia a platicar y por manzanas de mi huerto, a veces el trueque era con tortillas de harina que hacía su esposa. En una ocasión le regalé unos binoculares. La última vez que la pareja fue a casa, me regaló una foto que él tomó de un polluelo de águila real.

Tenía una pasión natural por la biodiversidad, amaba su pueblo, sus historias y sus tradiciones. No quería ser como nadie más, él era feliz con su gente y en el campo. Su sonrisa y su mirada recordaban el vuelo del ave más espectacular, el saludo fuerte de su mano era un abrazo al corazón, siempre.

Los miles de ejemplares que se exhiben y que fueron disecados por él, dejan una gran enseñanza para la eternidad. Era, sin duda, un gran artista con las manos, dioramas fascinantes, aves que parecían estar vivas y productos artesanales que creaba con gran entusiasmo.

Para algunos, él fue sólo un colaborador más; para otros, fue pieza fundamental del museo, porque participó en gran parte de la colección que puede observarse en las salas de exhibición. Para mí, un gran amigo y mentor, que amaba cada detalle que brindaba la naturaleza.

Descanse en paz, mi querido don Pancho Cancino, siga volando muy alto.

Un abrazo con cariño para su linda familia.

X: @desertique

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