Techos de cristal: una responsabilidad social

Deben ser abolidos por la sociedad en su conjunto.

Por Maira Melisa Guerra Pulido*

Con la llegada de la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, con el importante número de gobernadoras y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, así como el significativo número de mujeres que han llegado a cargos de elección popular y de decisión pública, se ha vuelto a hablar sobre el techo de cristal, pero ¿qué es y cómo se rompe?

El techo de cristal es uno de estos conceptos-metáfora que se han creado para tratar de explicar las condiciones por las que las mujeres no tienen un avance en sus carreras profesionales comparables a los de sus homólogos hombres.

Este concepto, atribuido a Marilyn Loden, se refiere a la limitación no explícita, o por lo menos que no es parte de la normativa escrita, para el ascenso laboral de las mujeres. Es decir, es el impedimento para que las mujeres ocupen los espacios de mayor responsabilidad en una organización, y aunque no es visible, porque no existe en leyes o algún otro dispositivo social, no es posible ni permisible traspasarlo.

Este concepto se aplicó primero para las limitaciones no explícitas que existen para mujeres y personas de grupos minoritarios para ocupar cargos del mayor nivel en las empresas. Los estudios han encontrado que estos techos de cristal están formados por prejuicios en razón de género principalmente, pero también de otro tipo.

Así, bajo la creencia de que las mujeres no pertenecemos a los espacios de decisión o de liderazgo, se nos ha bloqueado para ocupar estos cargos de una forma no legal o formal, pero generalmente aceptada y compartida por la sociedad. De esta manera, el techo de cristal implica la construcción comunitaria y social de las limitaciones, y no corresponden a restricciones personales de las mujeres que no pueden acceder a esos cargos.

Se suele decir, cuando una mujer llega a un puesto al que no habían llegado las mujeres, que “ha roto el techo de cristal”. Sin embargo, eso no quiere decir que esa mujer realmente haya roto el techo de cristal o que el techo de cristal ya no exista.

Cuando una mujer ha llegado a esos espacios, ella ha superado el techo de cristal, pero las limitaciones que, en razón de género, o de otro tipo, impiden llegar a otras mujeres a esos espacios, mantienen la limitación. Lo que se puede explicar porque los techos de cristal son construcciones sociales y no pueden ser abolidos por una sola persona, sino que deben ser abolidos por la sociedad en su conjunto.

Sin duda, que una mujer llegue a esos cargos de responsabilidad, sea en el ámbito privado o público, es un fuerte mensaje simbólico para ilustrar que las mujeres también pertenecemos a esos espacios, lo que puede incentivar a la deconstrucción social que permita la abolición de los techos de cristal. 

Es muy delicado pensar que cuando una mujer llega a esos puestos de liderazgo, el techo de cristal se ha roto y ya no existe, pues ese es un error que nos lleva a no combatir las razones profundas y reales de esas limitaciones que son los prejuicios, estereotipos y concepciones de género que nos limitan.

Las mujeres que llegan a esos puestos deben contribuir para que, desde esos lugares de poder, ayuden a modificar la cultura patriarcal que nos limita; pero no podrán hacerlo solas, eso se logrará si la sociedad en su conjunto decide o sigue impulsando los cambios necesarios.

Celebremos entonces que las mujeres estamos llegando a espacios de altas responsabilidades públicas y privadas, pero no demos por ganado el terreno; debemos seguir luchando por no perder los espacios alcanzados y por conquistar otros aún no accesibles para todas las mujeres. Destruir los techos de cristal es una responsabilidad social.

*Consejera Electoral del IECM, mexicana, politóloga y feminista

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