Por Marysol Morán
Hace poco escuché a un divulgador científico decir que la ciencia nos da una perspectiva diferente, incluso de lo más cotidiano. También mencionó que el mismo tabú que tiene la sociedad hacia el sexo, lo tienen la ciencia y la medicina. No es de extrañar que la sexología apenas lleve poco más de 100 años en el mapa de las disciplinas científicas de la humanidad, aun a pesar de que la sexualidad está presente en el ser humano desde su origen. La breve historia va más o menos así.
A principios del siglo XX, Havelock Ellis, médico británico, condujo los primeros estudios científicos sobre el comportamiento sexual humano. Gracias a sus investigaciones y publicaciones es considerado el primer sexólogo del mundo. Por su parte, Alfred Kinsey, biólogo estadunidense, fue el primero en realizar un estudio a profundidad sobre la sexualidad humana tratado con rigurosidad científica, en 1940. Los estadunidenses Masters y Johnson comenzaron sus observaciones sobre la respuesta sexual humana en los años 60; el análisis de sus resultados contribuyó a construir las bases de la terapia sexual, lo que ha ayudado a miles de personas en el mundo. Para 1980, Helen Singer Kaplan comienza a ahondar sobre la terapia sexual y sobre cómo trabajarla en consulta sicológica. Presenta su modelo trifásico de excitación de las personas con el que clasifica y estudia las diferentes fases de la respuesta sexual humana: deseo, excitación y orgasmo. La sexología se convierte en disciplina gracias a estos pioneros que, con sus aportaciones, nos ayudan a entender que la sexualidad atraviesa transversalmente muchas materias: sicología, jurídica, medicina, antropología y sociología, entre otras.
En este marco científico surge un interés particular por la neurociencia, especialidad que se centra en el estudio del sistema nervioso, de su estructura y la del cerebro, y su impacto en las funciones cognitivas y el comportamiento humano. Y esto, ¿qué tiene que ver con la sexualidad? ¿Qué tal si te dijera que el orgasmo es producto de la excitación del sistema nervioso simpático? Podemos hacer a un lado la discusión de que si los orgasmos en las mujeres son vaginales o clitorianos: los orgasmos son cerebrales, comienzan con una orden del cerebro. No es de extrañar que la respuesta sexual esté conectada con la capacidad mental de generar imágenes y fantasías. Los estudios en neurociencia nos permiten comprender la sexualidad a partir de los nuevos descubrimientos sobre la estructura y funcionamiento del cerebro.
Aún están en pañales estas investigaciones, sin embargo, es muy emocionante saber que, gracias a la tecnología a la que hoy los científicos tienen acceso, podemos conocer la acción-reacción de nuestro cerebro frente a la respuesta sexual, cuyos componentes no solamente son orgánicos, sino también sicosociales.
Aquí las claves que, según Pere Estupinyà, autor del libro La ciencia del sexo, piensa son necesarias para una vida sexual plena:
Integridad orgánica = buena salud.
Estimulación sexual adecuada = autoconocimiento.
Libertad para responder al estímulo sexual = abre la mente, elimina traumas.
Experimenta = respetuosa, sana y responsablemente.
¡Apliquémoslas y seamos felices!
Twitter: @maysolecita
