Por Marisol Escárcega
El futbol es el único deporte en el mundo que es capaz de paralizar a toda una nación. No conozco otro evento deportivo que logre esto, ni siquiera el Super Bowl o la Serie Mundial. El futbol sí lo hace, ahora ¡imagínense un Mundial!
Las familias se ponen de acuerdo para mirar el partido de su selección, las escuelas permiten que l@s niñ@s vean los juegos, los gobiernos, como el de la Ciudad de México, colocan grandes pantallas en plazas públicas para que nadie, literalmente, se pierda los encuentros. Es una locura. Sin embargo, junto con el Mundial de Futbol viene una serie de acciones que, desde que se lleva a cabo este certamen (1930), siempre aparecen: el incremento de la violencia física y sexual hacia las mujeres.
Cuando era niña recuerdo escuchar a mi vecino golpear a su esposa, porque su equipo de futbol, el Atlante, perdía. Las paredes no impedían que toda la cuadra escuchara cómo le gritaba, le aventaba la comida al suelo y entonces empezaban los golpes, “¿por qué me haces esta porquería (comida)?, ¿lo haces a propósito?”, le cuestionaba mientras la señora sólo lloraba.
Muchas veces las vecinas llamaron a la policía, sí iba, pero a los minutos se retiraban cuando él les decía que entendieran que había perdido su equipo y que eso lo había sacado de sus casillas, pero que ya le había pedido perdón a su esposa. Nunca lo arrestaron, de hecho, vi muchas veces a los policías yéndose entre risitas, como si los moretones en la cara de mi vecina fueran una especie de chiste.
Tan sólo hay que recordar el video viral en este Mundial de Qatar, en el que un aficionado, al término del partido de México contra Arabia Saudita, empezó a gritar y a acuchillar la televisión porque el Tri quedó eliminado. De entre los cientos de comentarios, había uno que decía: “Si así ‘descarga’ su frustración por un partido, no me quiero imaginar lo que es capaz de hacerle a su pareja. Qué miedo sería vivir con él”. ¿Exagerado el comentario? Claro que no.
Por ejemplo, en Latinoamérica, datos de diversas organizaciones civiles señalan que los casos de violencia física y sexual contra las mujeres aumentan cuando hubo partidos de futbol, porque no sólo son los golpes, sino también que muchos varones obligan a sus parejas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, representando 10% de los ataques.
En 2000, la Universidad de Costa Rica realizó el primer estudio que abordó esta situación y se dieron cuenta que, al revisar los archivos policiacos de los últimos 17 meses, la violencia contra las mujeres se incrementó casi al terminar los partidos de futbol, sin importar si eran de los clubs locales o de la selección. En el Mundial de 2014 en Brasil, revelaron que los casos de violencia aumentaron 45 por ciento.
Según las organizaciones en pro de las mujeres, estas cifras fueron similares en diversos países de Latinoamérica, incluso en Estados Unidos e Inglaterra (cuna del futbol), donde, por cierto, desde los Mundiales de 2002 y hasta el de Rusia, en 2018, hubo un incremento de 38% de agresiones contra las mujeres.
Por supuesto que los resultados de los partidos no son el único ingrediente que detona que muchos hombres reaccionen de manera violenta contra sus parejas, también hay que destacar que la mayoría de éstos ingieren grandes cantidades de bebidas alcohólicas, incluso drogas, mientras observan los partidos, que, ojo, no justifica de ninguna manera los ataques.
Vivimos en una sociedad machista en donde a diario se normalizan, naturalizan y reproducen estereotipos que segregan, discriminan y colocan a las mujeres en puntos vulnerables, mismos que se reflejan en eventos como un Mundial, pero no sólo cada cuatro años, pues la gran parte de los países tienen ligas locales, no sólo de futbol, sino también de beisbol o americano, lo que incrementa los casos cada semana.
Mañana termina el Mundial de Qatar, las familias se reunirán frente al televisor para ver si Francia consigue el bicampeonato o si, por fin, Messi logra la tan ansiada copa. Me pregunto, cuántos ataques contra mujeres habrá... Nos queda esperar las cifras de las organizaciones civiles sobre las agresiones que sufrieron las mujeres durante este Mundial y reflexionemos, pero sobre todo, actuemos para que no vuelvan a ocurrir jamás. El futbol es sólo un deporte y en eso debe quedarse.
