Lady dilemas

Los dilemas se manifiestan de una manera ansiosa, es un camino que se parte en dos.

Por Paulina Majul Rubio

Y como es de costumbre, surge otro dilema, tengo que tomar una decisión. Lo evado y no hablo sobre el tema, total, así no es real y si me logro engañar a mí, puedo engañar al resto. El dilema va y viene y ataca cuando me distraigo, pero lo vuelvo a mandar lejos hasta que llega un momento en el que ya no puedo esconderlo más. No tomar una decisión también es tomar una decisión, si decido ignorar la encrucijada, me ahoga hasta no enfrentarlo.

Todos tomamos un sinfín de decisiones todos los días, algunas inconscientes y muchas otras conscientes; sin embargo, nos topamos con las disyuntivas.

Los dilemas se manifiestan de una manera ansiosa, es un camino que se parte en dos y tu cabeza no sabe si lo correcto es seguir por el lado derecho o por el izquierdo. Intentamos buscar razones que nos inclinen hacia un lado más que al otro, pero aquí es donde entran el pasado y el futuro; ambos actúan como imanes al querer evadir el tema, nos aterra el giro que dará nuestra vida al tomar una decisión ya que no sabemos con seguridad hacia dónde nos lleva, y el pasado nos llena de nostalgia y miedo al cambio.

Por consecuente, el problema no se sitúa en que ambos tiempos no reales estén presentes. Volvamos a leer, el problema no se sitúa en que ambos tiempos no reales estén presentes. ¿Ya detectamos el problema? Lo que pasa con los dilemas es que nos llevan a tiempos inexistentes y hay que considerarlos, pero la cuestión no se resolvió en el pasado, puede que ni siquiera existiera, así podríamos seguir postergando la decisión para un futuro, pero el resultado de tomar una resolución sin realmente hacerlo es seguir atado a la incomodidad y al conflicto interno.

Cualquier dilema tiene sus grados de dificultad y, sin importar eso, debemos resolverlo si queremos vivir en paz y con plenitud; no quiere decir que hay que resolverlos en el segundo que se presentan, pero sí eventualmente tomar una determinación al respecto.

Menciono nuevamente la importancia del futuro más que nada a la hora de tomar decisiones, todos quisiéramos tener la respuesta en las manos y dejarnos llevar por ella, pero eso es algo que seguiremos soñando con poder hacer. Al tomar una decisión importante, nos adentramos en algo que en parte es desconocido, lo cual nos da miedo, ansiedad y desesperación, pero en esta vida hay que seguir caminando. Avanzar duele, moverse del lugar de comodidad duele, pero es necesario para crecer.

Asimismo, creo que las cosas pasan en la vida de la manera que tenían que pasar y eventualmente todo se acomoda. Si algo o alguien es para ti, se va a dar y va a ser en el momento que tenga que ser. Volviendo a uno de mis artículos anteriores, esto no quiere decir que tengamos que dejárselo todo al destino, pero tampoco hay por qué frustrarnos en cosas que uno como persona no puede realmente controlar.

Al tomar una decisión difícil, tenemos que aceptar que probablemente va a doler, y que se trata de un proceso que se lleva un día a la vez. De este modo, aprendemos a decidir por hoy, tomando en cuenta “el siguiente mejor movimiento”, luego nos preocupamos por el resto. Una vez más repito, el futuro debe estar presente como motivación a lo que hoy es el camino, pero no al punto de tener un futuro perfectamente bien planeado mientras que el presente se deja de lado quedando estancado.

Los dilemas poco a poco se vuelven más llevaderos con el tiempo, no porque el dilema en sí sea más fácil, de hecho, entre más pasan los años, más se complican los dilemas; por consecuente, debemos aprender lo antes posible a poner las cosas en la balanza, dejando de intentar estar un paso adelante todo el tiempo, viviendo el hoy, resolviendo el presente y esperando el futuro.

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