Fiestas decembrinas, la otra carga

Las actividades para las mujeres se triplican.

Por Marisol Escárcega

Uno de los momentos donde es muy notorio cómo funciona el sistema patriarcal y, por ende, la desigualdad entre hombres y mujeres es en estas fechas, sobre todo en las cenas de Navidad y Año Nuevo.

Desde siempre, se ha visto a las mujeres como las encargadas de la casa y todo lo que eso implique, por lo que durante siglos, las mujeres han asumido el rol de administradoras y responsables del hogar.

¿Cuánt@s crecimos viendo que en este mes eran nuestras abuelas, tías, madres, hermanas las que se encargaban de todo lo que implicaba la época navideña, desde cambiar, lavar y hasta almidonar cortinas, edredones o carpetas para que la casa estuviera ad hoc?

Y ahí las veíamos subiéndose en sillas o escaleras para colocar las series, el nacimiento, los adornos, las coronas de adviento y el árbol, para que sólo el padre, abuelo o la figura masculina de la casa colgara la estrella en el pico del pino.

Las mujeres son las que se preocupan (una  tarea más) de buscar los adornos para el hogar, pensar (sí, también es una carga mental más) qué platillos se degustarán en Navidad y Año Nuevo y todo lo que significa: presupuesto, limpieza y acomodo de la casa, comprar lo necesario para las cenas, muchas veces estirando los recursos (¿se acuerdan de la Bartola?, pues así.)

Estas fechas sólo visibilizan la falta de corresponsabilidad que hay en la mayoría de las familias, pues dejan a las mujeres a cargo de todo, en una época, además, donde todas las actividades se triplican.

Porque volviendo al ejemplo familiar, ¿cuánt@s de nosotr@s crecimos viendo cómo las mujeres de nuestras familias preparaban las cenas con días de antelación o cómo se dormían muy tarde el 23 o 30 de diciembre para avanzar lo más que se podía y se levantaban muy temprano el 24 y 31 para seguir con el trajín de la comida?

Ya en las cenas, son ellas las que se encargan de acomodar lugares, lavar la vajilla, cubiertos, colocarlos en cada sitio, de estar pendientes de que nada falte, atendiendo a l@s invitad@s, sirviendo la cena, primero a la figura masculina de la familia, luego a los demás varones y, hasta al último, ellas.

Pero la tarea no acaba ahí. Mientras los hombres se retiran a platicar, jugar o escuchar música, las mujeres se quedan a recoger platos, lavarlos, si es preciso en ese momento o, al menos llevarlos al fregadero, donde se acumulan con ollas, sartenes y una N cantidad de trastes que, irremediablemente, terminarán lavando.

Además de esto, las mujeres son blanco de críticas de cómo les quedaron los platillos o los comentarios hirientes: “¿y tú cuándo te casas?”, “¿cuándo vas a encargar, ya estás grandecita?”, “¿y el novio?” o, el clásico, “¿estás un poco más llenita?, como si la vida de las mujeres sólo girara en torno a ser flaca, tener pareja, casarse y ser madre.

Así, mientras para los hombres la época navideña significa días de descanso, para las mujeres no, pues con l@s hij@s de vacaciones no sólo aumenta su carga mental, sino además los quehaceres domésticos y el estrés diario.

Les dejo un dato sólo para que dimensionemos la desigualdad, de acuerdo con el Centro de Investigaciones Sociológicas de España, a nivel mundial, mientras 74.5% de los hombres se reúnen en estas fechas con amig@s, compañer@s de trabajo o familiares para festejar, sólo 60% de las mujeres lo concreta, ¿notan la diferencia?...

Que estas fechas sean la oportunidad para romper con los roles sexistas establecidos. Dejemos de esperar, sobre todo los hombres, que una mujer les indique qué pueden hacer, dejemos de hacer preguntas o comentarios que sólo incomodan. Rompamos con el pacto patriarcal. Tod@s somos perfectamente capaces de cocinar y lavar trastes.

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