En busca de la paz sostenible
Revisar las condiciones psicosociales de la comunidad.
Por Marysol Morán
Cuando era chica jamás pensé en lo que significaba ese juego escolar que llamábamos “Stop”. La cosa era así: en el piso dibujábamos con gis un círculo que dividíamos en gajos, y al centro otro círculo en el que escribíamos la palabra “Stop”. A cada jugador le pertenecía un gajo y podía escoger el nombre de un país para escribirlo en su espacio.
El juego comenzaba con un disparejo para ver quién sería el primero en declarar la guerra. “Declaro la guerra en nombre de…” y quien la declaraba incluía el nombre de alguno de los países representados en el círculo de gajos.
Todos corrían lo más rápido posible antes de que la persona cuyo país era nombrado pusiera un pie en el círculo interno y gritara “Stop”. En ese momento todos paraban. La persona que había declarado la guerra escogía a un país-jugador y en voz alta mencionaba el número de pasos que calculaba le costaría llegar a él. Si lograba llegar en el número de pasos indicados, ganaba esa guerra y podía seguir jugando. El otro era descalificado y no le quedaba más que ser testigo del juego mientras comía su lunch. Esto se repetía hasta que sólo quedaba uno, el ganador de todas las guerras.
No tengo idea del origen de ese juego, pero era un juego muy común en los años 70, cuando estudié la primaria. Y este recuerdo me llevó a reflexionar sobre la guerra y la paz.
Hace poco alguien me preguntó qué opino acerca de la paz. Me quedé pensando en muchas cosas; la primera, en cuál es el significado de la palabra paz. El diccionario de la RAE establece cinco definiciones. Y yo que pensaba que la paz sólo tenía una explicación y denotaba lo mismo para todos.
Resulta complejo describir qué es la paz, porque además de ser una palabra, es un concepto y puede traducirse en símbolos que se han vuelto universales, como la paloma, la rama de olivo o el signo adoptado por el movimiento hippie. Cada una de estas imágenes con una historia detrás que soporta su transformación en representaciones globales de ella.
¿Sabías que hay una rama de la psicología que se llama psicología de la paz? Este subcampo se encarga de estudiar los aspectos psicológicos de la paz y la violencia. En este contexto la paz no solamente es la ausencia de violencia personal, sino la implementación integral de los derechos humanos.
No puede haber paz si no están cubiertas las necesidades básicas, si no hay un entendimiento claro de lo que significan los derechos humanos: derechos inalienables, indivisibles y universales.
Para encontrar las claves de una paz sostenible, hay que referirnos y revisar las condiciones psicosociales de la comunidad:
¿Hay entendimiento de que los conflictos son frecuentes, pero pueden resolverse sin violencia, con beneficio para todas las partes? ¿Qué peso tienen los valores de empatía, respeto, tolerancia y solidaridad en la construcción de la paz? ¿Cuál es el autoconcepto que el grupo social tiene?
Hacernos estas preguntas pudieran parecer ajenas a nuestra cotidianeidad, pero es en nuestra particularidad, en nuestra familia, con nuestros seres queridos, en donde podemos comenzar a hacer la diferencia.
La apatía no es amiga de la paz. La paz sostenible se trabaja, así que manos a la obra ahora que nos hace tanta falta.
@maysolecita
