Cuando mamá se va

Podría asegurarles que más de una de las madres que conocemos han pensado en tirar la toalla.

Por Marisol Escárcega

Siempre nos dicen que l@s hij@s no debemos juzgar a los padres, pero podría asegurar que tod@s lo hemos hecho, en especial a la madre.

Desde niñas nos dicen que el instinto materno está presente, que debemos anteponer a nuestr@s hij@s a cualquier cosa, pero ¿qué pasa si una madre abandona a sus hij@s?

Si un padre abandona a sus hij@s y regresa 10 años después para pedir perdón, seguramente le recriminarán, pero, al cabo de un tiempo, lo aceptarán; sin embargo, si la que se va es la madre, el resultado es diferente, porque ¿a poco no decimos: “hasta las hienas cuidan a sus crías”?

No importa si la madre huye y lleva a sus hij@s a la miseria, tiene que llevársel@s, porque si no todo mundo la juzgará; una madre que abandona a sus hij@s no tiene cabida en la sociedad. Además, si ésta regresa años después será duramente recriminada y, es casi improbable que la perdonen, no importa el argumento que dé. Ellas no pueden irse por los cigarros como hacen los padres ausentes.

Para el sistema patriarcal, que una madre abandone a sus hij@s es la peor ofensa. Si se separa para ir a trabajar o estudiar, podría entenderse, pero si se va es una idea que no se y, aunque muchas madres han pensado en huir, porque las sobrepasa todo lo que significa maternar, como dirían por ahí, una cosa es pensarlo y otra hacerlo, pero podría asegurarles que más de una de las madres que conocemos han pensado en tirar la toalla.

¿Es válido? ¡Claro! Concebimos a la madre como una mujer todopoderosa, una clase de superheroína que todo lo puede, que no se cansa, que se anticipa a la pareja, a l@s hij@s, que siempre está para los demás, para resolver, cocinar, lavar, acomodar, cuidar, curar, enseñar, todo, absolutamente todo.

Nos han enseñado que una madre es abnegada a su familia, de hecho, desde que se convierte en madre deja de ser mujer y la colocamos en una zona donde su existencia sólo se resume al de ser mamá. Nos olvidamos que sigue siendo una mujer con deseos, anhelos, proyectos, gustos individuales, que necesita espacio y tiempo a solas y que si los toma no la hace una “mala” mamá. ¿Alguna vez han visto que una madre se tome vacaciones de su familia?

Estamos tan acostumbrad@s a que el hombre sea el que se vaya de casa que, de hecho, no hay cifras oficiales en el país (y me aventuraría a decir que en ninguna parte del mundo) de cuántas madres deciden abandonar a sus hij@s, aunque especulo que la violencia familiar, económica y la presión y la carga de las labores domésticas son los motivos más frecuentes para irse.

Antes de juzgar y linchar a esa madre que se fue, deberíamos colocarnos en su contexto social y familiar, en las circunstancias que la orillaron a tomar esa decisión; porque seguramente no son las mismas que las de los padres que abandonan.

Por otra parte, si un hombre es abandonado con sus hij@s siempre tendrá el apoyo de alguna mujer, llámese madre, abuela, hermanas, sobrinas, cuñadas, vecinas o una nueva pareja para educarl@s mientras él se va a trabajar; las madres que son abandonadas realizan esa doble y triple tarea solas; sí, pueden tener la compañía de otras mujeres, pero, incluso ellas mismas sentirán que ésa es responsabilidad de la madre. Como si nosotras naciéramos con un gen con el que de facto sabemos cómo maternar.

Una madre que abandona a sus hijos es vista como la peor villana, una antítesis de lo que nos han enseñado que es el amor maternal, pero recordemos que mientras los padres pueden elegir cómo ejercer su paternidad, si es que lo hacen, a las madres ni siquiera se les pregunta, simplemente dejan de lado su vida para dedicarse a una única función (con miles de tareas): ser madre.

Temas: