Alain Delon, detrás del telón

Mantener la vida artificialmente me parece inhumano.

Por Gabriela Rodríguez

Para las nuevas generaciones es un completo desconocido, pero los mayores de cuarenta años escuchamos a nuestras madres suspirar por él. Galán, varonil y de ojos seductores, era el protagonista de las fantasías y sueños de muchas mujeres en todo el mundo. Hoy, Alain Delon se refugia en Suiza, a sus 86 años, en la búsqueda de una muerte digna.   

En la era de las minorías y los caprichos sociales, donde no puede discriminarse o excluir a nadie, desafiando hasta a la misma biología y naturaleza, yo me pregunto ¿por qué aún no existe el derecho a una muerte digna? Si nos enfocamos en el hecho meramente legal, dejando de lado posturas morales, religión y cultura; es increíble que el aborto sea legal en 69 países del mundo y la eutanasia lo sea sólo en siete.

Hoy, como mujer, la ley me permite interrumpir mi embarazo en muchos más países de los que me permite morir dignamente. La ley me permite, impunemente, decidir sobre la vida de alguien más, pero no me deja decidir sobre mi propia existencia. ¿Cuál es el criterio?, lo desconozco y es por eso que tendríamos que reabrir la discusión en las cámaras legislativas.

Analicemos fríamente este caso. Si por un accidente traumático quedara inmovilizada o parcialmente desmembrada e incapacitada para moverme, de no recibir asistencia inmediata, estaría condenada a morir en unos cuantos minutos o unas escasas horas. Esa sería mi realidad, una muerte rápida. No obstante, si mis familiares, servicios de emergencias o entidades de salud decidieran atenderme y “salvar mi vida”, ¿tienen ellos el derecho de mantenerme viva aun si esa no fuese mi voluntad? ¿Tienen más derecho la medicina, tecnología y la ley sobre mi vida, que yo misma? Hay varios casos en el mundo de personas que han luchado y solicitado el derecho a morir dignamente sin éxito. Ramón Sampedro fue el primer ciudadano español en reclamar la eutanasia. Se había quedado tetrapléjico a los 25 años, y pasó 30 postrado en una cama. Otro caso fue del británico Tony Nicklinson, quien sufrió un accidente vascular que lo dejó con todos los movimientos voluntarios paralizados, a excepción del movimiento ocular, de cabeza y de párpados.

Técnicamente privar a una persona incapaz de valerse por sí misma a escoger el momento de su muerte podría considerarse discriminatorio ya que está incapacitada de cometer suicidio. Mantener con vida a alguien de manera artificial y en contra de su voluntad me parece perverso, inhumano y lo considero una violación a los derechos individuales y a la voluntad del individuo.

Yo entiendo la vida como la capacidad de disfrutar el día a día con independencia, sanidad mental, física y espiritual y, es así como quiero llegar hasta mi final. Por eso, creo que tenemos que revisar y reabrir la discusión sobre el concepto de vida, el respeto a la individualidad y la voluntad personal.

Nos persignamos y obstinamos a que alguien que quiere morir no muera ¿y el aborto? ¿Les recuerdo? 69 contra siete!

Y para cerrar mi reflexión de hoy les comparto unos pocos versos de Cartas desde el Infierno de Ramón Sampedro:

Quererme bien

Yo prefiero con el sueño una alianza

Que me libre de esperar inútilmente

El milagro de alcanzar, ingenuamente,

El favor de no morir, que no se alcanza.

Que me humilla y me degrada la alabanza

De implorarle a lo divino absurdamente

A un señor y padre nuestro indiferente

Que responde a mi dolor con desconfianza.

gabrielalorena@prodigy.net.mx

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