Si rasuran al vecino…
México, una economía de mercado uncida a la potencia imperial, tiene problemas serios por la deuda externa, que representa más de la mitad del PIB, por la caída en las remesas de los trabajadores migrantes, hoy sometidos a la persecución del gobierno trumpista, y, sobre todo, porque Andrés Manuel López Obrador dejó las arcas vacías.
En las elecciones de Bolivia, la mayor votación la obtuvieron dos candidatos, uno de derecha y otro de ultraderecha, quienes se enfrentarán en la segunda vuelta, a realizarse en octubre, ya sin representantes de la izquierda, que llegaron a los comicios no sólo divididos, sino ferozmente enfrentados.
Lo anterior algo debe decirle a Morena, donde cada día se escuchan los crujidos de la inconformidad de unos y la voz prepotente de otros. El desfile de próceres cuatroteístas por Europa y hasta Japón es apenas una muestra de que algo camina mal en quienes prometieron un comportamiento austero, aunque nunca disminuyeron sueldos, dietas, prestaciones, viáticos y otros ingresos que suman dinerales. A la hora de repartir candidaturas para el 2027, y sobre todo el 2030, sabremos hasta qué punto puede el morenismo padecer una gran división que lo lleve al desastre.
Hace unos días, el diario Milenio publicó un artículo de Leonardo Padura, el excelente novelista cubano, quien dice que “la generación que estudió, trabajó, se sacrificó con aquella promesa de un futuro mejor” en su país, hoy vive un presente de miseria, lo que se expresa en forma contundente con la pensión de los jubilados, de dos mil dólares cubanos mensuales, que el gobierno ya prometió duplicar, porque con cuatro mil dólares podrán adquirir un kilo de huevo, que cuesta tres mil dólares, y tres cajetillas de cigarros con el resto.
El resultado de la catastrófica política económica es “la ruptura del tejido social” y un proceso de estratificación que ha significado “el empoderamiento de unos y el empobrecimiento de muchos”, porque hoy, dice Padura, “si no clases, en Cuba existen castas”, pues la mayoría de las familias está lejos de recibir 24 mil dólares cubanos, apenas lo necesario para una vida mínimamente decorosa.
Todo eso encierra lecciones para quienes defienden un sistema unipartidista y una economía estatizada que poco o casi nada ha sido capaz de abrirse a la inversión privada porque, dicen algunos dirigentes, “no vamos a permitir que la burguesía y el imperialismo se apoderen del país”, lo que el auge chino demuestra que es una falacia.
México, una economía de mercado uncida a la potencia imperial, tiene problemas serios por la deuda externa, que representa más de la mitad del PIB, por la caída en las remesas de los trabajadores migrantes, hoy sometidos a la persecución del gobierno trumpista, y, sobre todo, porque Andrés Manuel López Obrador dejó las arcas vacías, el gobierno sobregirado, sus obras inconclusas y una estela de corrupción que se ha ido revelando.
Durante el sexenio anterior se dejó crecer la delincuencia, especialmente a los cárteles de las drogas, los que extendieron sus actividades hacia diversos territorios y hoy parecen incontenibles, pese a la persecución de militares, marinos y Guardia Nacional, no de las policías locales, que suelen tener ligas con el crimen organizado.
Ante un panorama tan poco prometedor, las pensiones del Bienestar irán perdiendo capacidad adquisitiva y su función mediatizadora se reducirá drásticamente, la vecindad con el mayor mercado del mundo dejará de ser una ventaja y la soberanía se reducirá, a pesar de los cantos patrióticos carentes de contenido real.
Frente a tal variedad de problemas y un futuro incierto, con una economía que crece menos que la población, el gobierno requiere urgentemente un erario fortalecido. De ahí que en un conversatorio convocado por El Colegio de México, el senador morenista Francisco Chíguil dijo que es necesaria una amplia reforma fiscal, aunque señaló que “existen temores y porque desde el gobierno se pretende dar certeza a los sectores económicos del país”.
Pero los problemas seguirán presentes si el gobierno no es capaz de vencer esos temores, pues un Estado fuerte daría seguridad a los sectores económicos y, de paso, tendrá lo indispensable para afrontar el reto que implica el pago de las pensiones, tanto las del IMSS y el ISSSTE como las de empresas como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad y, por supuesto, las del Bienestar, que han crecido desmesuradamente. No hacer esa reforma significa que seguirán los recortes en educación, salud, seguridad y cultura. Así, el morenismo perderá cohesión y acabará dividido. ¿Apostamos?
