Retorno a Tenochtitlan
La capital mexicana es víctima de un prolongado deterioro que, en parte, y sólo en parte, se debe a los aguaceros. El gobierno de la ciudad acaba de adquirir una flotilla de carros dotados con equipo de desazolve para limpiar los drenajes. Muy bien, pero hoy lo indicadoes pasar de las medidas reactivas a las preventivas para evitar las inundaciones
Hay una foto de 1952 en la que aparece la calle Bolívar totalmente inundada, frente al legendario Café Tupinamba. Se cuenta que, al salir de ahí, Renato Leduc, a quien acompañaba un sacerdote igualmente aficionado al oscuro néctar, el célebre periodista le dijo a su acompañante: “¿Pasamos, padre?”, a lo que respondió el ensotanado: “Pasamos, ¡madre!”.
Con las lluvias de estos días, la capital del país ha vuelto a esos viejos tiempos en que las inundaciones parecían una venganza de Tenochtitlan por acabar con su vida lacustre. Lo que se informa hoy es sobre la desgracia de miles de familias, cuyos muebles y enseres domésticos han quedado inútiles, interrupciones en el Metro y en la circulación de autos, en fin, gente que se ha quedado sin transporte, sin patrimonio y hasta sin hogar. Tal ha sido la constante de varias semanas de julio y agosto. Si bien las zonas más afectadas son las del sur y el oriente del Valle de México, lo cierto es que ni las áreas mejor urbanizadas han escapado al desastre. Todavía el martes de esta semana había grandes encharcamientos en el Viaducto y pasos a desnivel inundados.
La abundante precipitación pluvial de estos días ha empeorado la desastrosa condición del pavimento. Año con año, desde hace más de un sexenio, crece incontenible el inmenso mapa de socavones, de trampas para los viandantes y un tremendo peligro para los automovilistas, que en esos agujeros pueden dejar una llanta o la suspensión entera, cuando no la vida al perder el control del vehículo.
En otras palabras, la capital mexicana es víctima de un prolongado deterioro que, en parte, y sólo en parte, se debe a los aguaceros. El gobierno de la ciudad acaba de adquirir una flotilla de carros dotados con equipo de desazolve para limpiar los drenajes. Muy bien, pero hoy lo indicado es pasar de las medidas reactivas a las preventivas para evitar las inundaciones.
Si se cuenta con drenaje profundo, es obvio que existen otras causas del desastre. La principal es el pésimo tratamiento de la basura y la ausencia de limpieza permanente en parques, jardines y camellones, donde la pérdida natural y periódica de las hojas debiera ser atendida de manera regular, lo que no ocurre, como tampoco el retiro de las palmeras que padecen por una plaga que, ausentes los medios de contención, se extiende por toda la ciudad sin la respuesta necesaria de las autoridades, lo que un funcionario menor atribuyó a la falta de presupuesto, algo que debe saber mejor la secretaria de Medio Ambiente de la ciudad, doña Julia Álvarez Icaza.
El caso de la basura es aún más patético, pues los carros de recolección ofrecen cotidianamente un espectáculo grotesco y asqueroso en esta ciudad que antes de un año espera recibir cinco millones de visitantes por el Mundial de Futbol. Cada carro del “servicio de limpia” es ahora una empresa donde se procesan botellas, cartón, latas, estufas, colchones y otros productos que dejan cada día miles de pesos a la mafia de los funcionarios del ramo y líderes sindicales.
Y mientras en las zonas proletarias son escasos esos vehículos, adquiridos con los impuestos que pagamos todos, abundan en las colonias más pudientes, donde en cada parada pierden hasta una hora para organizar el botín. Pero eso no parece molestar a las autoridades, quizá porque los mafiosos salpican hacia arriba, o bien, porque nadie ignora lo que implica una huelga de los trabajadores de la basura, pero…
La situación hace más plausible la medida tomada por Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc, quien contrató un servicio privado de recolección de basura, el que seguramente va a ser combatido por los criminales del ramo. Doña Alessandra bien podría completar su cruzada adquiriendo botes de basura, los que hace años desaparecieron de la ciudad, aunque tendrá que poner en juego una vigilancia extrema para evitar que se los roben.
Una medida que se aplica en algunas ciudades europeas es la colocación de contenedores en los edificios para que ahí los vecinos depositen su basura. Por la noche pasan los carros del servicio de limpia, vacían el contenido en los camiones y antes de irse limpian con mangueras el espacio de la operación. ¿No podría hacerse algo semejante aquí?
