Morena se juega su futuro

El horizonte electoral es borrascoso. Con los órganos electorales colonizados por el morenismo se pretende compensar el desgaste de los pleitos internos y la explicable decepción de no pocos ciudadanos, quienes observan desencantados el proceso político, las insuficiencias presupuestarias, la corrupción que corroe al bloque gobernante y la ineptitud de no pocos funcionarios.

Para mayor claridad, cabe citar lo dicho por la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral, que será juez durante el proceso que ya arrancó rumbo a la elección de 500 diputaciones federales, 17 gobernadores, 31 congresos locales y más de mil 800 ayuntamientos. Dijo la señora Guadalupe Taddei que el INE “se debe a la ciudadanía, no a una fuerza política, no a un gobierno, no a una posición ideológica”. ¿Sí?

Veamos: el actual consejo del INE está integrado mayoritariamente por personas que vienen de militar junto a Andrés López Obrador y por otras que, con más discreción, han crecido al amparo de color guinda. De modo que la señora Taddei puede decir, con toda razón, que no obedece al gobierno, por lo menos no siempre, pues desde la finca La Chingada puede llegar línea más importante y decisiva.

Como complemento, la estructura del INE que se construyó a lo largo de varias décadas se ha ido desmontando, pues en forma tenaz y minuciosa se ha sustituido a los cuadros más capacitados por burócratas de medio pelo, varios de ellos traídos desde Sonora, individuos de ésos que acatan la norma instituida por el gran cacique, quien exigía 90% de fidelidad y, si acaso, 10% de eficiencia.

De modo que poco o nada bueno se puede esperar de un órgano colonizado por Morena, donde los alfiles del señor del gran poder harán cuanto esté a su alcance para impedir que su partido se vaya al despeñadero. La política es, entre otras cosas, el arte de hacer trampa sin que se note, pero la tropa insertada en el INE no es precisamente cuidadosa y ya nos anticipó lo que podemos esperar de los comicios del próximo año.

Se suponía que el periodo de precampañas se iniciaría el 4 de enero para terminar el 12 de febrero, y las campañas propiamente dichas tendrían efecto del 4 de abril al 2 de junio de 2027, pues la elección está programada para el día 6 de ese mes. Sin embargo, por sus purititas pistolas, Morena decidió iniciar todo el proceso desde ahora, y como si los ciudadanos se chuparan el dedo, no llamó precandidatos a los elegidos, sino “coordinadores estatales para la Defensa de la Cuarta Transformación”. Todo con la bendición del INE.

Tales coordinadores fueron elegidos con las consabidas encuestas patito, que incluían preguntas como “opinión positiva”, “a quien prefiere como candidato” y ¡honestidad!, lo que francamente raya en un humorismo de mala leche, o algo peor. Pero así fueron seleccionados, salvo en San Luis Potosí, donde se optó por el consenso, esto es, el consentimiento de Morena hacia la verdulería, que sabe vender caro amor y tan lo sabe, que además de San Luis Potosí se quedó con Baja California Sur, Nayarit y dicen que también Quintana Roo, pues ven muy verde al elegido por el partido guinda. En fin, que de seguir por ese camino, Morena tendrá que mudar de color.

El otro aliado, el Partido del Trabajo, se quedó como el chinito, nomás milando, pues en el reparto de gubernaturas nada le tocó, y ahora amenaza con no apoyar a varios de los ungidos, lo que en el cálculo de doña Ariadna Montiel no parece ser de cuidado, pues hasta ahora el PT solía conformarse con las migajas. Pero la dirigencia petista de Chihuahua ya se deslindó del candidato, Cruz Pérez Cuéllar, porque Morena, “con sus propias encuestas y su propia metodología”, hizo una elección de partido, “no de la coalición”.

Otro problema es que la elección para Nayarit está en duda, porque ahora se exige por ley que quien encarna una candidatura sólo tenga nacionalidad mexicana. La ungida, Jasmine Bugarín, se defendió–versión de Citlalli Hernández—diciendo: “Yo no elegí dónde nacer”, pero sí el lugar que desea representar. Del mismo modo pudo elegir Nueva York, pero ya se le adelantó Mamdani.

Pero insistamos: el peligro mayor está dentro de Morena, donde se oye el crujido de la cantadísima unidad. Pronto lo veremos.