Inundaciones en México: Sheinbaum frente a la crecida
Hay semanas en que el país respira agua. No hay Estado capaz de contener un río furioso, pero sí puede dar tres señales que calman: estar, articular el esfuerzo y explicar con claridad. En estos días, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo las tres: recorrió zonas ...
Hay semanas en que el país respira agua. No hay Estado capaz de contener un río furioso, pero sí puede dar tres señales que calman: estar, articular el esfuerzo y explicar con claridad. En estos días, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo las tres: recorrió zonas anegadas —Poza Rica y la Huasteca de Veracruz, Hidalgo, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí—, mantuvo en sesión permanente al Comité Nacional de Emergencias y abrió cada mañana un espacio para informar avances.
Su presencia no fue para la foto. Hubo diálogo con damnificados —tensión incluida—. Circularon clips que sugerían que la mandataria “mandó callar”; el video completo muestra otra escena: pedir silencio para poder responder. En crisis, la forma es fondo: primero que se oiga; luego, que se entienda. Esa cercanía —sin espectáculo— también importa, más aún cuando la emergencia provocada por las lluvias torrenciales dejó como saldo 72 personas fallecidas, 48 desaparecidas, 111 municipios afectados y 127 comunidades incomunicadas.
El sello fue el trabajo conjunto: Sedena, Marina, CFE, Bienestar y gobiernos estatales en una misma dirección, con reconexiones, apertura de caminos, entrega de víveres, limpieza de calles y censo en marcha. Esa manera de operar —con coordinación— ya había sido rasgo en seguridad y ahora se asienta en la emergencia. El contraste con episodios previos y la semana posterior —las lluvias de Ingrid y Manuel en 2013 y Otis en 2023— ayuda a medir la diferencia.
El liderazgo, además, fue humano. A la gente no sólo le sirven las cifras: necesita sentir que la Presidenta escucha y acompaña. Pero esa proximidad debe cuidarse y ampliarse: ceder el micrófono a brigadistas, maestras, comités vecinales y comerciantes en los partes diarios de la mañanera y en las redes oficiales del gobierno de México para contar, colonia por colonia, cómo avanza la ayuda.
Tema aparte, el orden de la información. Al inicio no hubo un tablero y se notó; una semana después se creó y la Presidenta publicó un video explicativo de cada indicador con los avances. Eso habla de aprendizaje rápido. Hoy se cuenta con un micrositio para la emergencia donde se actualizan los albergues (con dirección), el porcentaje de luz restablecida, las carreteras abiertas o cerradas, los apoyos entregados y todas las variables relevantes para el manejo de crisis.
Sobre el Fonden, la oposición instaló que “antes era mejor”. La Presidenta expuso demoras y casos de corrupción del antiguo esquema y debilitó esa nostalgia. Lo que faltó fue vacunarse con anticipación: socializar, antes de la temporada de lluvias, de dónde salen los recursos hoy para atender emergencias, en cuántos días se pagan, qué controles existen y cómo cobra la gente.
También queda por revisar la alerta temprana. En Poza Rica hubo quejas porque el aviso salió casi siete horas después del alertamiento de Conagua. Urge auditar la cadena de alertas —federación, estado y municipio— y publicar un registro de activaciones: quién avisó, cuándo y por qué canal. Coordinación también es que el mensaje llegue a tiempo y quede constancia.
En suma: presencia, operación conjunta y un ritmo informativo que ordenó los días más duros. Pese a la demora, hoy se cuenta con un micrositio actualizado con toda la información relevante y, como aprendizaje, vacunar la conversación con explicaciones previas sobre temas previsibles —como el Fonden—. Si el gobierno sostiene esa disciplina —estar donde duele, coordinar sin estridencia, hablar con palabras simples y dar voz a las comunidades—, la ciudadanía no sólo sabrá qué pasa: sabrá qué hacer y qué sigue.
