Atentamente…
La opinión pública se conmovió y horrorizó ante las macabras escenas de cuerpos inertes de dos hombres y una mujer con heridas de bala en una aislada cabaña de apenas unos metros cuadrados. Los cadáveres presentaban señales de descomposición, los sobrevivientes ...
La opinión pública se conmovió y horrorizó ante las macabras escenas de cuerpos inertes de dos hombres y una mujer con heridas de bala en una aislada cabaña de apenas unos metros cuadrados. Los cadáveres presentaban señales de descomposición, los sobrevivientes fueron llevados a un hospital en Matamoros, Tamaulipas, y en unas cuantas horas trasladados al otro lado de la frontera.
Se trata de hombres y mujeres estadunidenses, venían de Carolina del Sur, un estado a miles de kilómetros de la frontera mexicana, donde la vida transcurre sin mayores sobresaltos y muy rara vez ocupa la atención de los medios de comunicación.
Hasta donde se ha podido averiguar, varios de ellos contaban con antecedentes penales, incluso, habían estado por periodos cortos en la cárcel, acusados por trafico de drogas, robo a mano armada o violencia física.
No parecen haber estado antes en México, pero tenían cierta experiencia y contactos con grupos de narcotraficantes mexicanos a los que les compraban drogas, incluyendo el ahora tristemente célebre fentanilo, 50 veces más fuerte que la heroína y 100 veces más fuerte que la morfina.
Las cámaras de seguridad en la ciudad arriba citada captaron cuando un grupo de hombres armados con metralletas y rifles de alto poder, los suben con violencia a una camioneta pick up en pleno centro de la ciudad.
Por varios días no se supo nada de ellos, lo cual provocó que el asunto fuera comentado por la Casa Blanca, el Departamento de Justicia y el embajador Ken Salazar. En un principio exigieron que el gobierno mexicano los localizara, el FBI ofreció una recompensa por 50 mil dólares a quien proporcionara información útil para identificar a los agresores; legisladores republicanos aprovecharon para llevar agua a su molino vociferando acusaciones en contra del gobierno mexicano y la Casa Blanca. Sin embargo, en cuanto se supo el antecedente delictivo de estas personas todos ellos optaron por no insistir en el asunto.
Por su parte, el presidente López Obrador declaró que había dado instrucciones para que las secretarías de la Defensa, Marina y Seguridad Ciudadana, más la Fiscalía General, trasladaran a sus agentes e investigadores a sumarse a la búsqueda de los entonces “desaparecidos”.
Molesto por la manera en que la prensa estadunidense presentaba el asunto dijo: “No permitir intervención de ningún gobierno extranjero en nuestro país; le pido a los legisladores de Estados Unidos concentrarse en las bandas criminales que distribuyen fentanilo allá, se rasgan las vestiduras… cuando asesinan a mexicanos callan como momias, son como zopilotes. Hubo politiquería en ambos lados”.
Para enrarecer aun más el caso, apenas un par de días después, aparecieron en las puertas de un hospital en la multicitada ciudad varios hombres con las manos atadas y un mensaje escrito a mano en el que se lamentaba de lo acontecido y los señalaban como responsables, firmado por el Cártel Jalisco, grupo Escorpiones, que concluía con un ¡“Att.”!
Al momento de escribir estas líneas subsisten múltiples preguntas: ¿Es verdad que la agresión fue una confusión, como sostuvo en un principio la Fiscalía de Tamaulipas? ¿Quién controla esa ciudad? ¿Tendrá alguna consecuencia para el gobernador Américo Villarreal? Se dice que se han desplegado a Matamoros 600 soldados, ¿tendrán una presencia permanente? El gobierno de Estados Unidos reaccionó con prudencia y reiteró su decisión de colaborar con el gobierno mexicano, ¿qué demandas concretas le harán al presidente López Obrador?
La presencia de la delincuencia organizada en el país no deja de crecer y fortalecerse. Los índices delictivos publicados por el Inegi así lo confirman. Son miles las familias que lloran a sus parientes fallecidos en esta ola de violencia criminal que altera la paz y tranquilidad en ciudades como Matamoros. En esta ocasión murió, por una bala perdida, Areli Pablo, de sólo 34 años.
Las autoridades de los tres niveles de gobierno, los legisladores y los partidos políticos estarán obligados a plantear sus propuestas en el proceso electoral del 2024, sobre cómo piensan enfrentar lo que en mi opinión es el principal reto que enfrentamos los mexicanos: vivir en una sociedad regida por el Estado de derecho o como dijo una reportera local: “Se dice que están llegando los soldados, no se ven, estamos de vuelta en nuestra triste normalidad”.
